Recorré Barracas con ojos de turista, un barrio que se consolida al sur de la Ciudad

Por @DanielRodeghiero / Director de Sección Ciudad y consultor en comunicación

Lejos del bullicio y la saturación de los circuitos tradicionales como Palermo, Recoleta o San Telmo, el barrio de Barracas emerge hoy como un destino ineludible para porteños y turistas. Ubicado en la Comuna 4, este enclave del sur de la Ciudad de Buenos Aires busca descentralizar el mapa turístico mediante una oferta que entrelaza patrimonio arquitectónico, arte urbano de escala monumental y una rica tradición gastronómica y tanguera.

El punto de partida de cualquier itinerario es la Avenida Montes de Oca, arteria principal que aún conserva resabios de las casonas de la antigua aristocracia. A pocas cuadras de allí se encuentra la Plaza Colombia, el corazón verde del barrio. Este espacio público está rodeado de antiguas barracas señoriales y diagonales arboladas que invitan a la caminata del vecino y del visitante.

En las adyacencias de la plaza se alza uno de los tesoros arquitectónicos más impactantes de la Ciudad: la Iglesia Santa Felicitas (Isabel la Católica al 500). Es el único templo porteño que no pertenece a la curia, construido con fondos de la familia Guerrero. Sus vitrales franceses y su arquitectura ecléctica son el escenario de la trágica historia de Felicitas Guerrero, un relato que convoca a decenas de visitantes en sus recorridos guiados.

El contraste visual llega de la mano del arte urbano en dos puntos clave. Por un lado, la Calle Lanín, donde el artista Marino Santa María intervino con mosaicos venecianos las fachadas a lo largo de tres cuadras, convirtiendo el pasaje en un museo a cielo abierto. Por el otro, sobre la calle San Antonio, deslumbra el mural “El Regreso de Quinquela”. Se trata de una monumental obra creada por el artista Alfredo Segatori, que ostenta récords por sus dimensiones y rinde homenaje a la identidad ribereña de la zona.

El circuito no está completo sin explorar la cultura y la gastronomía barrial, fuertemente anclada en la nostalgia porteña. En ese sentido, destacan dos paradas obligadas. En primer lugar, La Flor de Barracas, un histórico Bar Notable de esquina que conserva intacta la estética tradicional de pulpería y bodegón antiguo. A su vez, Los Laureles se erige como un emblemático reducto tanguero, un espacio con décadas de mística donde la música ciudadana continúa vigente en la noche del sur porteño.

El patrimonio industrial cierra la propuesta de la zona. Las gigantescas estructuras de las ex fábricas de Bagley y Alpargatas han sido puestas en valor manteniendo sus fachadas originales. En esta misma línea de refuncionalización barrial destaca el Centro Metropolitano de Diseño (CMD), un imponente edificio vanguardista dedicado al diseño y la tecnología, ubicado en el predio del ex mercado del pescado sobre la calle Algarrobo.