La empresa Russ SRL, quienes están detrás de las tradicionales agendas Citanova, anunció su cierre definitivo después de 80 años. Ya había ingresado en concurso preventivo de acreedores en 2019 y decretado en quiebre en 2025. Así desvinculo a sus 38 trabajadores.

Ante el cierre, la empresa vendió su maquinaria industrial, vehículos, mobiliario y miles de productos e insumos que permanecían en stock. Se trata de uno de los nombres más reconocidos del mercado argentino de agendas, cuadernos y artículos de organización personal.
CÓMO COMENZÓ LA CAÍDA
La crisis de Russ SRL no es reciente. La compañía se presentó en concurso preventivo en junio de 2019, en medio de un deterioro que ya venía afectando a su actividad principal.
Según los datos aportados en el expediente concursal, las ventas de agendas habían sufrido un fuerte retroceso en los años previos. Mientras que en 2013 comercializaba alrededor de 800.000 unidades, en 2018 las ventas se habían reducido a aproximadamente 315.500 agendas, lo que representó una caída cercana al 60%.
La empresa explicó entonces que la reducción de la demanda obligó a disminuir la producción en torno al 50%, aunque los costos fijos y la estructura operativa no pudieron ajustarse en la misma proporción.
La firma atribuía el deterioro a una combinación de factores que incluía la caída del consumo, el ingreso de productos importados, la posterior devaluación que encareció las compras externas y los cambios tecnológicos que comenzaron a desplazar el uso de agendas tradicionales.
Para ese momento, Citanova seguía siendo una marca de peso en el mercado. La compañía afirmaba producir cerca de 5 millones de unidades por año y contar con un catálogo superior a 1.500 modelos, entre agendas, organizadores, cuadernos, carpetas y artículos de escritorio.
LA QUIEBRA DEFINITIVA
Pese a la apertura del concurso preventivo y a los intentos de reorganización financiera, la situación de la empresa continuó deteriorándose. En la presentación mediante la cual solicitó su propia quiebra, Russ SRL sostuvo que la pandemia profundizó una crisis que ya estaba en marcha, ya que la paralización de actividades durante varios meses impactó directamente sobre un negocio vinculado al funcionamiento de oficinas, empresas y establecimientos educativos.
La firma señaló además que intentó reconvertirse incorporando nuevas líneas de producción, entre ellas carpetas y cuadernos, aunque esos esfuerzos no alcanzaron para revertir la caída de la actividad.
Finalmente, la empresa solicitó la quiebra y el proceso fue decretado por la Justicia en mayo de 2025. Con esa decisión quedó sellado el cierre definitivo de la planta y la interrupción de una actividad industrial que llevaba décadas en funcionamiento.











