Odisea de estacionar en la Ciudad: donde los autos sobran y el espacio falta

Por DANIEL RODEGHIERO / Director de Sección Ciudad. Consultor político.

Encontrar un lugar para dejar el vehículo en la Ciudad de Buenos Aires ya es una verdadera hazaña cotidiana. Tengamos en cuenta que el parque automotor solo entre los vecinos porteños ronda el millón y medio de unidades, sin pensar en los otros ocho millones de autos que hay en el Conurbano y que muchos de ellos llegan a la Ciudad a diario. Entre avenidas con restricciones, calles barriales saturadas y normativas que buscan ordenar el tránsito, la pregunta resuena en cada comuna: ¿dónde metemos tantos autos?.

La normativa vigente porteña se sostiene sobre tres pilares básicos: en las calles convencionales está permitido estacionar de ambos lados las 24 horas (salvo señalización en contrario); en las avenidas rige la prohibición de 7 a 21 horas los días hábiles; y en los pasajes, arterias con Metrobús o junto a las ciclovías, la restricción es total. Sin embargo, la claridad de la ley choca de frente con la realidad del asfalto.

En los barrios más densamente poblados de la Ciudad, como Caballito, Palermo o Villa Urquiza, las calles internas se convierten en un embudo hacia el final de la tarde. El permiso para estacionar en ambas manos logró blanquear lugares, pero la altísima demanda hace que los vecinos deban dar vueltas a la manzana durante largos minutos para encontrar un hueco libre.

En las grandes avenidas, la situación cambia de dinámica según el reloj. La prohibición diurna es fundamental para garantizar la fluidez en el centro y macrocentro, pero la liberación del estacionamiento durante los fines de semana genera nuevos cuellos de botella. Para mitigar estos roces, la Secretaría de Transporte porteña ha tenido que ensayar esquemas alternativos en corredores críticos, como las pruebas de estacionamiento a 45 grados en arterias clave para agilizar la maniobra y reducir el impacto en el flujo vehicular de los días no laborables.

El uso del espacio público es uno de los temas más tensos que atraviesa al jefe de Gobierno Jorge Macri. La gestión de la Ciudad mantiene firme su política de priorizar el transporte de pasajeros y la movilidad sustentable, lo que inevitablemente le quita metros cuadrados de calzada al vehículo particular a través de la expansión de la red de ciclovías, los carriles exclusivos del Metrobús y las áreas peatonales. En paralelo, la ampliación del sistema de estacionamiento medido (tarifado) en distintos polos comerciales de los barrios sigue siendo una medida que divide aguas: mientras el Ejecutivo la defiende como la única herramienta eficaz para garantizar la rotación vehicular y desalentar el uso del auto, la oposición y diversas agrupaciones vecinales denuncian regularmente que se trata de una política de carácter recaudatorio frente a un problema de infraestructura que parece no tener techo.