Un respiro para la Justicia

Por FRANCISCO QUINTANA / Vicepresidente del Consejo de la Magistratura porteño

Después de varios embates en el ámbito judicial, los argentinos fuimos sorprendidos recientemente por una decisión que impactó de lleno en la Justicia e hizo recuperar, a por lo menos gran parte de la sociedad, cierto nivel de esperanza y expectativa de cara al futuro. El fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que ordena al Consejo de la Magistratura de la Nación que modifique su conformación y exhorta al mismo tiempo al Congreso a dictar una nueva ley, se percibe como un importante primer paso hacia una Justicia más independiente, eficaz y ágil.

El fallo establece lo que se sabía hace tiempo: en el Consejo de la Magistratura de la Nación actual no existe equilibrio entre los estamentos representados y es el estamento político –que corresponde a representantes del Senado, la Cámara de Diputados y el Poder Ejecutivo–, que ostenta una mayoría que le permite tener quorum y mayoría simple. Porque en 2006, la entonces senadora Cristina Fernández de Kirchner encabezó una reforma que tuvo como objetivo politizar un proceso que debiera ser técnico. A partir de ese momento, el Consejo pasó de 20 a 13 miembros y en su nueva conformación perdió la esencia de su concepción. Tal circunstancia sometió al Consejo a los vaivenes de la política partidaria y limitó marcadamente su independencia.

Macchiavelli asume un rol clave en el Gobierno de la Ciudad

En términos comparativos, resulta virtuosa la experiencia de la Ciudad de Buenos Aires, donde el Consejo local tiene una representación equivalente en los tres estamentos (Legislatura, Magistrados y Abogados). Y a su vez en la integración de cada una de las cinco comisiones hay similar participación de cada uno de esos estamentos (tres miembros, uno por estamento).

La creación del Consejo de la Magistratura de la Nación se introduce en la reforma constitucional de 1994. Además de ser el órgano encargado de la administración del Poder Judicial de la Nación, el Consejo tiene por objetivo disminuir el nivel de discrecionalidad en la designación y remoción de jueces, que antes dependían únicamente del presidente y el Senado. Al dividir esos procesos por etapas, en las que ahora intervienen los diferentes poderes del Estado, el juez cuenta con la garantía de inamovilidad y mérito. Es decir, no le debe el cargo a nadie. De allí la importancia del equilibrio en la conformación del Consejo. Un Consejo que, además de contar nuevamente con 20 miembros y mayor equilibrio en su representación, será presidido por el Presidente de la Corte Suprema.

La Policía de la Ciudad lanza una web para recuperar objetos robados

¿En qué afectan puntualmente a la ciudadanía estas modificaciones? El Consejo de la Magistratura de la Nación es el que convoca los concursos para cubrir las vacantes de magistrados de todas las instancias –con excepción de la Corte Suprema–, incluidos, por ejemplo, los jueces federales, que son quienes intervienen en las causas de corrupción y crimen organizado, entre otras.

A lo largo de estos últimos dos años los argentinos hemos sido testigos de decisiones judiciales que han despertado la indignación de buena parte de la ciudadanía. El fallo de la Corte Suprema nos coloca nuevamente en el camino correcto. En lo inmediato, las entidades que deben elegir a sus representantes para el Consejo tienen que cumplir con una ardua tarea. Luego, el Congreso deberá trabajar para dictar una nueva ley que se adapte a los tiempos que corren. Los argentinos queremos independencia de poderes y una Justicia que responda, única y exclusivamente, a los intereses del pueblo.