¿Somos rinocerontes o primates?

Por DIEGO GUELAR / Ex Embajador argentino en China

El mundo y nosotros aprendimos del default argentino del 2001. En ese momento, la deuda de u$s150.000 dolares era impagable tal como estaba estructurada.

La actual, de mas de u$s 300.000 millones, es igualmente impagable. Los gobernantes del 2001 decidieron cometer la irresponsabilidad de declarar el default en vez de solicitar una renegociación (hubiera sido lo lógico y los acreedores la hubieran aceptado).

Los gobernantes actuales, de la misma familia política de los protagonistas del default anterior, eligieron esta última opción más racional, si bien recurren al “facilismo” de atribuir todos los males económicos y sociales al gobierno de Macri, en vez de auscultar los errores cometidos en los últimos 50 años y encarar su corrección hacia el futuro.

A esto le agregan el condimento ideológico de oponer la “Patria” a la “Anti-patria”, retórica que fue muy utilizada por los países del llamado Tercer Mundo durante la Guerra Fría (entre EE.UU. y la URSS, 1946-1991). El “centro moderado” y la “derecha democrática” fueron poco eficientes en generar una épica que oponga “Republica y Desarrollo” a la que plantea un “Nacionalismo Popular” cuyo mentor fue Benito Mussolini hace 100 años y que fuera replicado en los cinco continentes, con distintos matices locales.

Argentina, entre 190 naciones, detenta la cuarta posición en inflación -después de Venezuela, Zimbabwe y Sudán-, la mayor cantidad de contagiados de Covid19 por millón de habitantes, con un 50% de la población subsistiendo precariamente gracias a planes sociales y en “default encubierto”, al posponer los vencimientos de la deuda privada y la pública. En estas condiciones, no hay derecho a debatir temas secundarios o marginales.

Ni el Gobierno propone ni la oposición retruca un “Programa de Unidad Nacional” con solo tres objetivos: 1) reducir drásticamente la inflación 2) sustituir los planes con trabajo genuino 3) vacunación masiva de la población.

Una suerte de autismo social nos ha ganado las conductas y nos está convirtiendo en un “monstruo de dos cabezas” recambiables que se mueve en un solo sentido, aunque cambie de rostro.

Eugene Ionesco, gran escritor rumano-francés, escribió en 1959 una célebre obra de teatro -Rinoceronte- donde, recurriendo al absurdo, describe, en forma de fábula, cómo los habitantes de un pequeño pueblo francés se van contagiando y convirtiendo en rinocerontes, animales casi prehistóricos, de naturaleza violenta y aspecto repulsivo, pero, al mismo tiempo, generadores de una gran atracción. Quien relata la historia -Berenger- no se contagia, y la obra termina con su monólogo: “me gustaría ser como ellos…pero no puedo…voy a resistir…”.

Estoy seguro que en Argentina somos muchos los dispuestos a resistir y que nos negamos a ser parte de la manada de rinocerontes o, eventualmente de primates, que se disputan el poder sin ser capaces de mirarse al espejo y ponerse colorados después de cometer tantas sandeces. Como diría Mafalda “Paremos el Mundo”!!! Pero no para bajarnos, sino para replantearnos nuestro presente y nuestro futuro.