Renovarnos es construir un futuro mejor

Por MARTÍN LOUSTEAU / Senador Nacional por Juntos por el Cambio

Si queremos realmente trabajar para que cambie la Argentina, tenemos que empezar por cambiar nosotros.

Juntos por el Cambio ya es un espacio más plural y diverso que Cambiemos y eso es muy bueno. Así y todo, debe ser aún más grande y mejor y debe tener más claro adónde quiere ir. Todos los partidos que lo integramos tenemos la responsabilidad de replicar este trabajo internamente. Eso genera tensiones que no hay que dramatizar porque son parte de la contribución al debate ciudadano.

Hay que dejar de echar las culpas a unos y a otros. Llevamos muchos años haciendo las cosas mal. Toda la dirigencia política, empresarial, social y sindical debe hacerse cargo de eso. Todos debemos hacerlo. Renovarnos es construir un futuro mejor.

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No dejaremos de insistir en que éste debe ser el año en el que discutamos y elaboremos en forma colectiva el Plan de Gobierno que queremos proponerle a la sociedad en 2023 para terminar con décadas de fracaso de la Argentina. Debe ser un programa trabajado sobre un diagnóstico común en el que nosotros queremos aportar nuestra visión: Argentina tiene un Estado que gasta mal y que es una carga para los que intentan producir. Llevamos años intentando visibilizar este tema.

En nuestro país hay que tomar decisiones difíciles, enfrentar una crisis profunda y marcarle a la sociedad un destino distinto, porque todos tenemos que ser conscientes de que la mitad de nuestros compatriotas son pobres. Y cada decisión que la política debe tomar cuándo decide invertir dinero público debe ser pensando en torno a ellos.

En lo personal, recorrí doce distritos en las PASO, y catorce de cara a las elecciones generales para que ganáramos. Sabía que era posible y lo dije en cada lugar donde me quisieron escuchar, en cada encuentro con vecinos o cada vez que hubo un micrófono de un medio local: Juntos por el Cambio tenía que hacer la mejor elección para construir una alternativa de gobierno, y para que en el Senado Cristina Fernández de Kirchner no tuviera más quórum propio. Lo logramos.

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Mientras tanto, algunos referentes del espacio agitaban fantasmas dictatoriales y decían que el gobierno estaba a un puñado de diputados de los dos tercios. Dos lenguajes y dos diagnósticos distintos. Veían y construían un relato del miedo, cuando en paralelo, la sociedad construía una esperanza. Lo palpamos a lo largo de todo el país.

Hoy no solo hay empate en Diputados; sino que, por primera vez desde 1983, el peronismo perdió el quórum propio en el Senado.

En cada ciudad y en cada pueblo donde dialogamos con la gente, sostuvimos nuestra convicción de la unidad de los partidos que componen Juntos por el Cambio. No sólo porque así lo percibe la sociedad, sino porque muchas veces las afinidades son cruzadas. En el Senado, en más de una ocasión tengo más coincidencias con hombres y mujeres de las fuerzas aliadas que con los propios.

Defendimos las PASO para que JxC pudiera ordenar sus listas, seleccionar los y las mejores y ampliar el espacio. En ese momento generó muchas críticas y temores. Hoy quedó claro que fue la estrategia correcta, pero esa decisión no fue fácil: gobernadores de nuestro espacio acompañaron la iniciativa del binomio Alberto y Cristina Fernández para derogar las PASO. Vale rescatar la actitud del gobierno mendocino y el porteño que no acompañaron esa postura.

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Paremos la pelota un minuto e imaginemos qué hubiera pasado, pensemos cómo estaríamos cerrando el año si no hubieran habido elecciones primarias. ¿Una oposición atomizada? ¿Un oficialismo kirchnerista fortalecido frente a esa fragmentación? ¿Candidatos de JxC con elecciones malas solo porque son fuertes en el manejo de las burocracias partidarias? Los interrogantes son válidos porque cuándo tomamos decisiones políticas hay consecuencias.

Con el resultado de las PASO y las elecciones emergieron nuevas figuras en todo el país, consolidando un proceso de renovación que hay que profundizar. Ellos deberían ser los candidatos a intendentes y gobernadores. Hay que potenciarlos, tenemos que brindarles todos los recursos posibles para que se puedan transformar en los actores que van a cambiar todos los rincones de la Argentina junto a una futura gestión nacional. Toda nuestra coalición los tiene que respaldar para que en dos años puedan disputar con éxito espacios de gestión ejecutiva.

Lo digo con todas las letras porque nuestro partido tiene períodos en los que se dedica a obturar los liderazgos emergentes. Lo padecieron Ricardo Balbín, Arturo Frondizi, y hasta el propio Raúl Alfonsín. Es un partido misógino, que se resiste a los jóvenes y en el que prima la mirada pequeña de la política. Por eso, liderazgos validados por la sociedad se terminaron cansando: Elisa Carrió, Pablo Javkin, Ricardo López Murphy o Margarita Stolbizer son algunos ejemplos cercanos de quienes tuvieron que irse para poder hacer su aporte desde otro lugar.

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Sin embargo, es el partido al que decidí afiliarme después de haberlo representado como candidato en varias ocasiones. Cuando no lo era me cuestionaban ser candidato, cuándo me afilié no faltó el que me preguntó por qué lo hice, y hoy siempre alguno cuenta los días que llevo como radical.

Un partido político no es un equipo de fútbol al que se llega desde la pasión familiar heredada, es una institución a la que uno decide incorporarse porque cree que hay una filosofía política que lo expresa, una historia que comparte y una ideología común. La afiliación a un partido es el resultado de una reflexión íntima y personal.

Así lo decidí, a pesar de que en este siglo XXI a la UCR la transformaron en un partido al que le cuesta organizarse para ganar. No piensa en construir mayorías, prefiere salvar los privilegios y prebendas de las minorías. Son minorías en la sociedad argentina pero mayoría en la estructura partidaria. Es una paradoja cruel, pero así funciona el partido nacional desde hace veinte años.

Una dirigencia con un complejo de minoría del que venimos hablando hace tiempo. Muchos percibimos que se contentan con ser testigos privilegiados de la historia y no protagonistas para torcer el rumbo de decadencia que nos atraviesa desde hace años. No piensan en cómo honrar el mandato electoral trabajando por un país diferente.

Cuándo asumí como senador, propuse en el Bloque que con los recursos se armen equipos altamente capacitados para que provean a los legisladores de los mejores insumos. Un staff permanente de técnicos trabajando para la sociedad expresado por nuestra bancada. Me respondieron con una sonrisa irónica. Es un ejemplo claro de esta dirigencia que se apropia de los lugares como si fuesen un bien personal. No creen que pueden ser mayoría y entonces se acomodan en el lugar donde están y ni se plantean cómo transformar la realidad.

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Con el bloque Evolución Radical que acaba de nacer en la Cámara de Diputados reafirmamos nuestro compromiso de renovación dirigencial y de metodologías, por eso tendremos ese gabinete en las sombras que propusimos hace dos años.

Es un Bloque joven, compuesto por seis mujeres y seis hombres, con un promedio de edad de 44 años que llegaron desde las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, Neuquén, San Luis, Santa Fe, y la ciudad de Buenos Aires.

Vamos a aportar soluciones con cuadros formados para la gestión, analizando los temas que proponga el oficialismo y -lo más importante- planteando propuestas alternativas. Establecer nuestra propia agenda es la renovación imprescindible para edificar un futuro mejor.

Cambiar la Argentina tendrá un costo en lo colectivo y también en lo personal. Lo sabemos quienes vivimos este proceso con la alegría de hacer lo que estamos convencidos que es lo mejor para el país. Apostamos a un cambio en la cultura política y lo único que no podemos permitirnos es tener miedo de dar esa batalla. Eso también implica no amilanarse frente a aquellos que solo buscan el poder para preservarse. Vale para los ajenos y también para los propios. Los señores feudales tienen poco que ver con nuestra historia democrática.

A esta altura de mi vida política, creo que no debo dar prueba de mi carácter. Hay veces que, con mala intención, se dice que a nosotros nos “controlan” o nos dirigen otras personas, por ejemplo Enrique Nosiglia. Tengo aprecio por él, fue ministro de la restauración democrática. Su compromiso con el legado de Alfonsín es indiscutible. No soy de aquellos a los que le dicen qué hacer: el liderazgo de Evolución Radical lo ejerzo yo y es mi responsabilidad.

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Son los mismos que nos decían que debíamos bajarnos del balotaje en el que perdimos voto a voto en 2015 contra Rodríguez Larreta; o que no debía liderar una nómina de diputados en 2017, cuando no le permitieron a la UCR ser parte de la PASO de Cambiemos porque decíamos que algunas cosas no iban bien en el gobierno, terminaron buscando cobijo en la lista del PRO en contra de la organicidad partidaria. En 2019 propusimos hacer una gran PASO y esos mismos radicales no quisieron. Tal vez, otra hubiera sido la suerte de Cambiemos.

Argentina necesita mejores diagnósticos y mejor capacidad para implementar soluciones. Precisamos un gran ejercicio de imaginación colectiva y una sana rebeldía contra lo establecido. Si seguimos haciendo lo mismo no vamos a cambiar nada, así como venimos Argentina no va más.

Necesitamos una cuota de audacia con responsabilidad para edificar un país mejor. Construir una Argentina moderna y de iguales, ni moderna para pocos ni de iguales en la mediocridad. Ese es el ejercicio que nosotros alentamos y para eso vamos a trabajar con una ética de construcción horizontal y solidaria que nos permita seguir creciendo día a día en cada pueblo, en cada lugar de trabajo, en cada ciudad, en cada centro de estudiantes, en cada rincón del país, con la mirada puesta en transformar este presente injusto y encontrar un camino esperanzador para las grandes mayorías.