Para los hipoacúsicos, la comunicación es esencial

Por Hernán Giacomelli

Lo que para muchos parece algo cotidiano y hasta a veces cansador, para otros es un trastorno diario y un enorme desafío. El comunicarse para las personas hipoacúsicas resulta una desventura. Involucra a toda la sociedad y al ejercicio de la solidaridad, muchas veces diezmado por la dinámica de vida de quienes ejercen la facilidad de la conexión verbal.

La pandemia potenció y hasta evidenció lo mejor y lo más rancio de la clase humana. En ese aspecto, las personas hipoacúsicas son testigos de este panorama. Diana Rosmarín y Valentín Alonso, ambos marplatenses, son solo dos ejemplos del terreno de vulnerabilidad al que se someten los individuos con esta patología.

LA HISTORIA DE DIANA

Ella solo quería abonar lo que había comprado, algo simple al parecer. Cuando arribó a la caja, con distanciamiento y los protocolos correspondientes, la cajera le habló, vaya a saber qué. Un mensaje claro para la trabajadora, que se encontraba con barbijo y máscara de plástico. Diana le pidió amablemente que le escriba el simple mensaje, la cajera no accedió.

QUÉ LE SUCEDIÓ A VALENTÍN

Él también quería pagar, y aguardaba la fila. Claro, no era la fila que debía ocupar dadas las exigencias del hipermercado, por lo cual, un personal de seguridad quiso transmitirle las reglas del lugar. Una, dos y hasta tres veces el custodio intentó hacer viajar su mensaje a los oídos de Valentín, pero este tiene hipoacusia, no escucha. Al cabo de algunos minutos, interpretó que el sordo mensaje era para él. En lenguaje de señas, claro, le dijo: “Qué sucede, no entiendo, soy sordo”. Inmóvil, el trabajador quedó sin sonido. Allí fue cuando con un desconocimiento absoluto sobre ese mundo lejano, a lo “Tarzan”, buscó la manera de que Valentín entendiera. Al cabo de eternos segundos, se cambió de fila. ¿Fácil, no?

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Existen varias campañas destinadas a fomentar y crear conciencia acerca de ser empáticos con nuestros pares. Ayudar, colaborar, entender que no todos tenemos los mismos rasgos. No todos interpretamos igual. Hay personas que necesitan mucho lo que nosotros poco o nada, o no asumimos como importante. La comunicación es importante, y para los hipoacusicos, esencial.

Diana y Valentín parecen dos valientes que salen al mundo a tratar de sortear la poca solidaridad de muchos. Pero de tanto en tanto, encuentran un poco de agua en ese desierto social que llamamos mundo.

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LA IMPORTANCIA DEL APRENDIZAJE

Hay que crear un ambiente educativo que destine esfuerzos para que, desde la política, puedan aplicarse reglamentaciones sobre este tema. Que los niños y niñas se interioricen en el lenguaje de señas, que los trabajadores y trabajadoras con atención al público se capaciten y que desde una vez y para siempre, sembremos la semilla de la solidaridad en todos sus aspectos.