Neo colonialismo y pseudo-mapuches

Por CARLOS RUCKAUF / Ex Vicepresidente de la Nación

La historia de la humanidad está preñada de guerras de conquistas,con las más variadas excusas,pero con un mismo objetivo:quedarse con lo que el vencido poseía y le interesaba al vencedor .En casi todos esos conflictos existieron los traidores,que facilitaron el éxito enemigo y luego fueron claves en la expoliación de las riquezas de los invadidos. Dos guerras mundiales con la derrota de los autoritarismos , más el debilitamiento de las estructuras imperiales, produjeron consecuencias.

La evolución del pensamiento humanista y el elevamiento a nivel mundial del concepto de la independencia de los pueblos sojuzgados y de los derechos humanos,condujo al proceso de descolonización durante el siglo XX.

Quedan resabios de las usurpaciones tradicionales, siendo nuestras Islas Malvinas un caso paradigmático. Las hipótesis sobre conflictos militares en las próximas décadas señalan como objetivos en disputa: el agua,el gas, los alimentos y el litio. Argentina tiene todas las riquezas naturales citadas , lo que la convierte en una posible víctima.

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A su vez, la baja densidad poblacional, la hace vulnerable ante otra amenaza global, consistente en las migraciones masivas, forzadas y no forzadas. Mientras estamos preocupados (casi obsesionados), naturalmente, con la profunda crisis económica, social y moral que estamos sufriendo, parece que no reparamos en la amenaza secesionista que crece en el sur de nuestra Patria.

El artículo 75 de nuestra Constitución Nacional pone a cargo del Congreso de la Nación Argentina la sanción de normas del derecho positivo, estableciéndose entre ellas en el inciso 17, la obligación de legislar para : “Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a la identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural, reconocer la personería de sus comunidades y la posesión y propiedad comunitaria de las tierras que tradicionalmente ocupan y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano…”.

En ninguna parte del texto constitucional se les habilita el ingreso a tierras que no ocupan “tradicionalmente” ni a quitárselas a sus propietarios. Por el contrario, el artículo 53 de la Constitución Argentina establece: “La propiedad es inviolable,y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella, sino en virtud de sentencia fundada en ley”. Es inadmisible que grupos que aducen ser mapuches intenten adueñarse y por la fuerza, de una parte del territorio de nuestra Patria y busquen que nos sea cercenado, para convertirse en Wallmapu, una nación distinta de la República Argentina.

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Repiten así las líneas matrices de la idea de una Falkland Republic, creación británica, preparada para la “autonomía” y “respetar los deseos” de los isleños. Nuestras Malvinas tienen una riqueza ictícola muy importante, posibles reservas de gas y petróleo en el mar, acceso militar a una de las dos vías interoceánicas y permiten, a la potencia ocupante, tratar de lograr derechos sobre la Antártida.

Con ese mismo planteo , grupos pro rusos, inventaron las “Repúblicas” de Donetsk y Lugansk. Luego de que, en 2014, Rusia robara Crimea y Sebastopol a Ucrania, comenzó el reclamo de independencia y una guerra no convencional. El 21 de febrero de este año, Vladimir Putin ordenó el reconocimiento como estado independientes de ambas “Repúblicas” y tres días después, la nueva invasión a su vecino, en un conflicto que ha producido una masacre humanitaria, mujeres violadas, niños robados, siete millones de ucranianos en el exilio.

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En el territorio que nos pretenden robar, con la excusa de los derechos de los pueblos originarios,están la segunda reserva mundial de shale gas, cuarta reserva mundial de petróleo no convencional, ingentes reservas naturales de agua, bosques maravillosos y la habitan pacíficos y laboriosos ciudadanos argentinos, muchos de ellos descendientes de verdaderos habitantes originarios. Es difícil discernir qué potencia militar puede “reconocer” a estos usurpadores, pero resulta evidente que están armados, y se respaldan en grupos de abogados muy organizados.

El Congreso deberá abocarse, más temprano que tarde, a la sanción de una norma que garantice los derechos establecidos por el inciso 17 de la Constitución Nacional, para todos los descendientes de los pueblos originarios, con el prerrequisito de que, renieguen de las propuestas secesionistas, reconozcan a las autoridades argentinas, nacionales y provinciales y respeten los símbolos de nuestra Patria.