La multiplicación de los planes, no de los peces

CLAUDIO ROMERO / Legislador porteño por Vamos Juntos

En las sagradas escrituras, el hecho de la multiplicación de los panes y los peces está contado unas seis veces: los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan relatan que con pocos panes y muy pocos peces Jesús da de comer alrededor de cinco mil hombres. Y esto sucede varias veces cerca del mar Tiberíades, actualmente llamado Mar de Galilea.

Algunos sostienen que este milagro posee fuertes signos mesiánicos, mientras que los creyentes sostienen que el Maestro lo llevó a cabo para fortalecer la fe de los discípulos.

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Dos mil años después y a más de doce mil kilómetros, un espacio político, llamado kirchnerismo, comienza una construcción de política diametralmente opuesta. Se trata de empobrecer a la gente, doblegarla y hacerla cada vez más dependiente, un modelo que funciona en algunas provincias argentinas.

Entre 2003 y 2021 milagrosamente cuadriplicaron los cheques que el Estado Nacional destina a beneficiarios de planes sociales, jubilados y pensionados, perceptores de pensiones no contributivas y empleados públicos; esto solo en el orden nacional. En efecto, en base a diversas fuentes de información (Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, Observatorio Social de la UCA, FIEL) en 2003 los destinarios de esos cheques representaban alrededor de 7.800.000 personas; 2 millones de planes, 3.250.000 jubilaciones y pensiones, 350.000 pensiones no contributivas y 2.200.000 empleados públicos.

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En cambio, hacia 2021, esos mismos conceptos totalizaron alrededor de 33.600.000, distribuidos en 22 millones de planes (1000% más) 6.800.000 jubilaciones y pensiones, 1.500.000 pensiones no contributivas (335% más) y 3.300.000 empleados públicos (subiendo un 51%).

En el mismo lapso, los aportantes al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) crecieron un 87%, pero no del mismo modo: mientras que el trabajo en relación de dependencia, que es el que más aporta, se incrementó en un 62%, categorías como “monotributo” y “monotributo social” aumentaron un 357%, o “casas particulares” un 233%, todas categorías con un aporte reducido, y casi marginal en el último caso.

De esta forma se observa claramente que resulta imposible que el Estado Nacional pueda seguir soportando el peso financiero de estas erogaciones, para las cuales, a pesar de la enormidad de impuestos existentes, la plata no alcanza y las cuentas públicas siguen en rojo.

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Es evidente que la combinación de factores existentes en la primera década de este siglo, no pago de las deudas, ajuste brutal sobre los salarios, altos precios de las materias primas, permitieron a los mandatarios de aquel entonces tomar medidas guiados por la coyuntura, sin tener la capacidad de prever que en el largo plazo serían insostenibles.

Ahora, luego de llevar esas políticas populistas al máximo posible, nos dejan un estado quebrado y, lo que es mucho peor, la “cultura del plan”, es decir, dos generaciones que no conocen el esfuerzo, el mérito en la escuela o en los ámbitos laborales; creyendo que la plata “viene sola”, por obra y gracia de un gobernante.

Esos gobernantes que dicen que la culpa la tuvo un solo presidente (pero si la aritmética no falla, gobernaron 14 de los últimos 18 años) generaron pobres, asignaciones e incluso, intentan crear más transferencias sociales a costa de crear un nuevo impuesto.

Cuando el dato mata al relato solo queda apelar a la conciencia colectiva, que la sociedad no se deje engañar más, que vuelva la cultura del trabajo y el sacrificio en todos los ámbitos de la cotidianeidad. Multiplicar planes no es el camino, Argentina no quiere milagros, quiere gobernantes que la conduzca y lidere.