Hacia un modelo de producción de trabajo: La Argentina que se viene

Por HÉCTOR COSTA / Abogado

“Estamos en presencia de un fenómeno nuevo porque se registra, en forma conjunta, un shock de oferta junto a un shock de demanda”. Así se refería Martín Redrado en su discurso a la actualidad económica-financiera. Economista argentino, ex Presidente del Banco Central, como así también Secretario de Comercio y Relaciones Económicas Internacionales y presidente de la Comisión Nacional de Valores, vaya si tiene prontuario para que sus apreciaciones cobren relevancia. La pretensión radica específicamente en interpretar una caída estrepitosa respecto la producción de bienes y servicios, consecuencia de que más de un 70% de la población mundial deba permanecer en sus casas y la economía, sin más, lejos esté de reactivar técnicamente.

Al respecto, en conformidad con esta tendencia, se hace foco en un mundo complejo y que no acepta las improvisaciones, donde las condiciones monetarias concretamente serán laxas y deberán ser aprovechables. En tanto, en su libro evidencia ciertos aspectos tendientes a dejar de improvisar. Se plantea en Argentina una visión integral de las necesidades económicas y políticas para los próximos diez años, viéndose la forma de lograr un incremento de 3.5% anual respecto la próxima década.

Entre sus preceptos, destacan las tendencias hacia interpretar por “fuera de la caja”, y de tal forma idear un programa de reducción de la tasa de inflación en conformidad con las variables que maneja el Gobierno, así como el gasto y los salarios públicos, paralelamente a recaudación, emisión monetaria, subsidios, inversión y, en lo ya por entonces analizado, generar un esquema hacia una inflación de un dígito en 5 años. Se hace foco en instaurar un marco legal que avale dichas propuestas.

Como es sabido, del dicho al hecho lejos está de haber un pequeño trecho. Por tanto, plantea un mero ejemplo para materializar esto: una ley de innovación productiva que duplique la inversión en Inversión y Desarrollo en torno a 10 años. Estos aspectos citados podrán brindarle una distinción a Argentina cuando tenga a los científicos y a la capacidad de investigación aplicada alineada con el sistema productivo, las universidades, etc.

En concordancia con una ley de infraestructura, orientada al aumento de la variable inversión respecto a pequeñas obras para generar trabajo, y también obras importantes financiadas por organismos internacionales, con mecanismos puntuales, se ha de considerar una renovación sustancial mediante una dualidad de ejes: por un lado, especialmente una revolución impositiva; en tanto, otra revuelta exportadora basadas concretamente en esquemas legales discutidos en el Congreso.

La orientación hacia una revolución exportadora brinda las condiciones para no depender de los dólares de producción, concretamente de dólares financieros, generándole al Estado tasas de interés bajas y dependencia hacia los cambios de naturaleza “humorística”. Los pilares en los que el economista piensa para potenciar ello radican en superávit comercial, necesitándose convergir variables que maneja el gobierno en un programa de 5 años para tasa inflacionaria, específicamente.

Así, se aspira a interpretar a corto plazo un riesgo cambiario; posteriormente, hacia largos horizontes vislumbra riesgo inflacionario, lo que invita a dar cuenta de un plan económico de estabilización y crecimiento que de vueltas las tabas. Para ello, sostiene basarse en herramientas no convencionales: por un lado, concretamente modernizaciones de tributos que simplifiquen y reduzcan las presiones impositivas sobre las familias y las empresas; asimismo, una reingeniería y desburocratización del sector público con la incorporación de inteligencia artificial para cambiar los procesos de gestión; finalmente, la revolución exportadora que proyecte la producción local al mundo.

Debe generarse una verdadera cultura de proyección hacia otros países que instaure la generación de dólares genuinos, debiendo encararse globalmente una política muy práctica Estado a Estado, producto a producto, mercado a mercado, si se quiere. Concretamente, se permite apreciar un programa que trabaje en acciones y políticas para atraer inversiones, todo ello generando incentivos fiscales y crediticios que permitan iniciar un proceso de innovación liderado por la investigación y el desarrollo de nuevos productos.

La puesta en marcha de tales iniciativas requiere de apoyos mayoritarios a niveles nacionales, excediendo el espectro de la política moderna, trascendiendo las habituales visiones de divisionismo ideológico en desmedro de una puesta en marcha por ofrecer un proyecto del país y no de una facción en particular.