Cristina K: Pretextos para la ruptura

EDUARDO MENEM / Ex Senador Nacional del Partido Justicialista

Cuando, en la madrugada del 17 de julio de 2008, el entonces Vicepresidente de la Nación y Presidente del Senado, desempató la votación sobre las retenciones a la exportaciones que quería imponer el Gobierno, haciéndolo en forma negativa, usando la curiosa expresión de “voto no positivo”, le cayeron todos los insultos y descalificaciones por parte del kirchnerismo, acusándolo de haber traicionado al gobierno de la presidenta Cristina Kirchner.

La penitencia impuesta a Cobos en razón de esa actitud se prolongó durante todo ese periodo de gobierno, sometiéndolo a un permanente destrato y excluyéndolo de los actos en los que normalmente habría tenido que participar debido a su investidura.

La descalificación se fundaba en que el Vicepresidente no podía votar en contra del Gobierno al que pertenecía y al que le debía lealtad. Se pregonaron posiciones absurdas, como la que sostenía que el Vicepresidente formaba parte del Poder Ejecutivo, o que era el vocero de éste en el Senado.

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Los reproches quedaron sintetizados en la expresión de la Presidenta dirigiéndose a su esposo: ¡Qué Vicepresidente me pusiste Néstor!, refiriéndose en forma peyorativa a Julio Cobos.

Por esos avatares que tiene la política, se está dando en la actualidad una situación parecida a la del 2008, aunque en este caso es la vicepresidenta Cristina Kirchner quien incurre en la misma conducta que le reprochaba a Cobos, por cuanto se ha puesto en contra del Presidente, mandando a sus fieles seguidores a votar en contra del proyecto de ley por el cual el Poder Ejecutivo solicita autorización para arreglar la deuda con el FMI.

Se trata de una actitud que confirma el uso irracional de su poder, creyendo que puede hacer lo que se le ocurra, aunque signifique contradecirse con posiciones asumidas anteriormente.

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Lo que debe ponerse de relieve es que esta conducta implica mucho más que una negativa a una disposición del Presidente, porque en realidad se trata de un pretexto para despegarse de un gobierno que marcha irremediablemente al fracaso, como lamentablemente lo está demostrando la dura realidad de todos los días, con una inflación descontrolada, el aumento de la pobreza, la falta de un plan económico y los graves problemas internos del oficialismo que son de público conocimiento.

Además, esa negativa será utilizada en el día de mañana para decir que el fracaso del Gobierno se debió a la aprobación de ese acuerdo, cargando las culpas a los que votaron a favor, como acostumbran a hacer los K, echando siempre la culpa a los otros.

Pero ese intento de parecer alejada del Gobierno resultará estéril, porque la Vicepresidenta es no sólo la que armó la fórmula presidencial, sino que además está ocupando con su gente los más importantes cargos en el Gobierno, sobre todo los que manejan los fondos públicos.

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Más aún, interfirieron en decisiones que debía adoptar el Poder Ejecutivo , como ocurrió con el tema de las tarifas, en las que apareció el Secretario de Energía oponiéndose públicamente al Ministro de Economía, no obstante lo cual sigue en el cargo por cuanto se trata de un fiel integrante de la tropa kirchnerista. En su camino al irremediable fracaso se sigue apelando al relato y a la creación de nuevos enemigos.

Antes fueron los hombres del campo, luego el diario Clarín y ahora es el FMI, recordando a modo de una epopeya el pago realizado por el ex presidente Kirchner a dicha entidad, cuando en realidad era una forma de sacársela de arriba y evitar el control que periódicamente realiza en la administración de los países deudores. Lo que el relato omite es que esa deuda con el FMI generaba un interés del 4%, mientras que luego de ello el presidente Kirchner salió a endeudarse con bonos, con la participación de Chávez, que estaban gravados hasta con el 15% de interés.

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Aunque la Señora Vicepresidente quiera despegarse de su exclusiva creación, no podrá negar que éste es “su” gobierno y tendrá que asumir las responsabilidades políticas del caso. No parece racional que haga prevalecer sus intereses o caprichos personales por sobre los intereses del país, al tratar de hundir aún más a un gobierno sin rumbo que está colocando a la República Argentina en el peor de los mundos.