Bahía Blanca, un ejemplo para la Provincia y para todo el país

Por ANDRÉS LARROQUE / Ministro de Desarrollo de la Comunidad bonaerense

Cuando la mañana del 7 de marzo se largó la lluvia en Bahía Blanca muchos de sus habitantes esperaban problemas climáticos. Las escuelas habían suspendido las clases y muchos adultos habían decidido quedarse en sus casas. El transporte público, que a priori funcionaba, se canceló rápidamente al tomar dimensión del problema. Pero nada fue suficiente.

Desde su fundación la ciudad había sufrido varias veces el desborde del arroyo Napostá, como en 1883, 1933 y 1944. Fue el gobierno bonaerense de Domingo Mercante quien en 1948 construyó el canal aliviador Maldonado, y el dragado y ensanche del arroyo Napostá (1). Desde entonces, no hubo inundaciones de magnitud, con excepción quizás de 1975. Pues bien, según el informe del Servicio Meteorológico Nacional, cayeron 290 mm en 12 horas (2), duplicando la marca de los años 70s, e incluso hay mediciones que señalan hasta 400 mm.

Las imágenes del anegamiento fueron estremecedoras. Posiblemente el evento más doloroso haya sido la destrucción del Hospital Interzonal Dr. Penna, al que tanto tesón le puso la Provincia para hacerlo el más importante de la región. Sin embargo, la respuesta de la comunidad bahiense fue inmediata. Los vecinos que arriesgaron sus vidas para rescatar a personas en situaciones límite, a los adultos mayores, niños y mascotas. Las cadenas humanas que cortaron la correntada furiosa sobre calles y avenidas. Los pibes que pusieron a disposición su jet ski para el salvataje. Los trabajadores públicos que apenas lograban frenar el agua en sus hogares salían a ayudar a su ciudad: policías, bomberos, docentes, maestranzas, trabajadoras sociales, municipales, médicos, ¡enfermeras!

Desde la misma mañana de ese viernes fatídico el gobierno provincial y específicamente todo el equipo de Emergencia del Ministerio de Desarrollo de la Comunidad estuvo encima. De forma inmediata el gobernador Axel Kicillof, el ministro de Seguridad Javier Alonso y progresivamente la mayoría de los ministros viajaron por tierra en medio de la tormenta a pesar de las rutas derrumbadas porque el aeropuerto local estaba inutilizado.

Del 7 al 25 de marzo 500 voluntarios del programa Bonaerenses Solidarios asistieron las localidades de Noroeste, Ingeniero White y General Cerri, además del trabajo focalizado en Villa Talleres, Villa Serra, Spurr, Nueva Argentina, Tierras Argentinas y Puertas del Sur. Se limpiaron 500 cuadras, 600 domicilios y 97 escuelas afectadas, lo que permitió que 23 mil chicos regresen a sus actividades.

Hasta el miércoles 26 de marzo enviamos 121 camiones a Bahía Blanca con 38.179 colchones, 19.050 frazadas, 13.000 kits de limpieza, 22.250 bidones de agua, 303 toneladas de alimentos secos, 7.800 bidones de lavandina, 1.992 camperas, 3.900 pares de zapatillas, 1.200 botas de lluvia, 19.832 pañales y 2.592 repelentes, entre otros materiales imprescindibles. Una inversión hasta la fecha de 4.500 millones de pesos, con otro presupuesto proyectado equivalente. Ese flujo va a continuar todo lo que se requiera.

El avance es sorprendente. Todos secando y oreando sus casas. Quienes estabilizaron su situación limpian casas de amigos y vecinos. Cuadrillas de jóvenes con palas y botas timbrean casa por casa para ayudar. Chicos y adultos ofreciendo mates y bizcochuelos a los afanosos voluntarios. Primó la paz social entre los habitantes. Todo bajo una nube del polvo residual de la inundación, por momentos pestilente, que con fina ironía muchos locales llaman “la gripe bahiense”. Sindicatos, iglesias, clubes, sociedades de fomento, el municipio y la Provincia reparando y organizando. Comunidad y Estado, trabajando espalda con espalda para levantar esa gran ciudad del interior bonaerense que es Bahía Blanca.

Hay un pequeño pero gran libro: La Comunidad Organizada de Juan Domingo Perón. Se trata de la clausura del Primer Congreso Nacional de Filosofía, ocurrido en el Teatro Independencia mendocino el 9 de abril de 1949. Dice: “Del desastre brota el heroísmo, pero brota también la desesperación, cuando se han perdido dos cosas: la finalidad y la norma. Lo que produce la náusea es el desencanto, y lo que puede devolver al hombre la actitud combativa es la fe en su misión, en lo individual, en lo familiar y en lo colectivo”. Y más adelante: “Nuestra comunidad, a la que debemos aspirar, es aquella donde la libertad y la responsabilidad son causa y efecto, en que exista una alegría de ser, fundada en la persuasión de la dignidad propia. Una comunidad donde el individuo tenga realmente algo que ofrecer al bien general, algo que integrar y no sólo su presencia muda y temerosa.”

En Bahía Blanca, la Comunidad y el Estado demostraron un vínculo virtuoso. Es un ejemplo no sólo de cómo transitar una catástrofe climática sino de cualquier dificultad que le toque enfrentar a nuestra Provincia y a todo el país.