Venezuela: por una salida consensuada

Martes, 14 de Mayo de 2019 - 06:08 hs

La República de Venezuela vive hoy una situación dramática: hambre, presos políticos, corrupción, migración importante (3 millones de refugiados), hiperinflación (casi 2 millones porcentuales), depresión económica (salario mínimo de 6 dólares mensuales), escasez de alimentos y medicinas, y un elevadísimo índice de criminalidad (82 asesinatos cada cien mil habitantes; la Argentina en 2015 tenía solo 5). Todo ello en el país que posee la reserva petrolera más grande del mundo. Este país, andino-caribeño, dio hombres que están inmortalizados en ciudades, calles, plazas y en la cultura de nuestro país: Francisco de Miranda, Bolívar, Sucre y Andrés Bello. Su pueblo nunca olvidó que en 1902, en momentos cruciales, la intervención del canciller argentino José María Drago y su célebre Doctrina fueron decisivas.

 

La situación actual tiene décadas de gestación. Desde fines del siglo pasado su clase dirigente, manifiestamente oligarca y corrupta, dilapidó fortunas millonarias de la renta petrolera. En febrero de 1999 asistí a la asunción del presidente Hugo Chávez -ex golpista indultado por el presidente Rafael Caldera- que, en un largo mensaje, anunció lo que Raymond Aron llamaba la Revolución Inencontrable, que en Venezuela dio origen al psicodrama actual.

 

Es curioso, pero en esa oportunidad Chávez expresó: “Ojalá que el barril de petróleo no supere los diez dólares, así vamos a diversificar nuestra economía”. Durante su mandato llegó a superar los cien dólares. En el mismo acto, no se privó de tildar, reiteradamente, al senador Carlos Andrés Pérez, presente en el Parlamento, “como el máximo corrupto que tuvo Venezuela”, pero no aclaró que las marcas, como en el deporte, siempre pueden superarse en el futuro, algo constante en muchos países, aunque la corrupción siempre se refiere al pasado.

 

Chávez –indiscutido líder carismático para su pueblo- falleció en 2013. Lo sucedió Nicolás Maduro, el que para muchos era su Delfín, sobre lo que no estoy muy seguro. Es obvio reiterar que el modelo de Chávez era insostenible.

 

Su carisma, liderazgo y caudillismo militar era imposible de transferir, particularmente a unas fuerzas armadas contaminadas por la corrupción y el narcotráfico y, curiosamente, con 2 mil generales; los Estados Unidos tienen alrededor de 900, y el Ejército Argentino en los ’90 tenía 36 . Ni Chávez ni Maduro lograron encauzar las fuerzas armadas hacia un respeto irrestricto hacia las instituciones republicanas. Tampoco lo intentaron.

 

Al margen de toda consideración política e ideológica, lo expresado me permite concluir que manifestar que nuestro país con gobiernos anteriores “se encaminaba hacia una crisis como la venezolana”, es desconocer nuestro contexto psico-social, político, cultural, económico y -fundamentalmente- militar.

 

Actualmente, tanto Maduro como el autoproclamado presidente, Juan Guaidó, carecen del liderazgo político o militar imprescindible para que un jefe o conductor imponga autoridad y confianza y, peor aún, se manejan con vacíos soflamas. Maduro habla de “lealtad activa” a los militares, mientras que Guaidó, sorpresivamente, dijo al Washington Post “que el antichavismo daría luz verde a una intervención militar de los Estados Unidos”. Además, creyendo en su pseudo legitimidad sin poder, insta a los mandos medios de las fuerzas a una insubordinación y a un golpe de Estado cívico–militar, que podría conducir a una guerra civil o a un futuro peligroso e incierto. Me permito recordar que en nuestro país algo similar ocurrió en 1955 cuando los mandos militares medios -principalmente capitanes- tuvieron un definitivo protagonismo en el derrocamiento de Perón. Años después, los mismos reincidieron en sus delictivos comportamientos en los golpes de Estado contra los gobiernos constitucionales de Arturo Frondizi y Arturo U. Illia,y luego, ya con las máximas jerarquías, usurparon el poder en 1976 e instalaron un deplorable terrorismo de Estado. ¿Algunos nombres? Videla, Massera, Díaz Bessone, Harguindeguy, Riveros, Suarez Mason y Luciano B. Menéndez. La historia es la experiencia universal.

 

La situación venezolana impone una salida consensuada, entre Maduro y Guaidó, ¿o con Leopoldo López? Difícilmente y recurriendo al ajedrez, la partida podría terminar en tablas, pero debería intentarse. Cualquier tentativa internacional de inclinar uno de los bandos a su favor es peligrosa. Es imperativo evitar un baño de sangre, y los militares no deberían ser el jamón del sándwich. La crisis fue originada por políticos.

 

El contexto internacional debe ayudar con objetividad e imparcialidad, cosa que aún no se ha evidenciado. En esta alarmante crisis -hasta ahora- los organismos regionales, e incluso la ONU, han sido más inútiles que un libro de quejas.

 

Tiene plena vigencia lo expresado por Kant en el siglo XVIII: “Ningún Estado debe inmiscuirse por la fuerza en la Constitución y en el gobierno de otro Estado”. La experiencia argentina de la última dictadura en 1980 en Bolivia y la de 1980/82 con la “Operación Charly” en Centroamérica fueron inconducentes. La incapacidad política y la estupidez es una pasión universal.

 

En Venezuela no hay lugar para actores de reparto, sino para hombres lúcidos, con imaginación y audacia, comprometidos para cerrar puertas pero abrir ventanas para los bandos en pugna, guiados por lograr instantes de paz, de justicia, de orden y de bienestar a su sufrido pueblo. Sin ellos sería difícil superar la crisis.

 

MARTÍN BALZA   Ex Jefe del Ejército

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