Uno de los mejores alfajores del país está en San Antonio de Areco

ENTREVISTA (Por Malena Montes) Carlos Gabba, dueño de "La olla de cobre", cuenta como nació la elaboración de sus alfajores caseros que hace 40 años son el orgullo de la ciudad.

Miércoles, 11 de Octubre de 2017 - 06:00 hs

Por Malena Montes @DraCasan

 

La escritora J.K.Rowling creó un personaje en su famosa saga de libros de Harry Potter llamado “dementor”. Era una figura cadavérica que aparecía para “sacar la felicidad del mundo”, siendo su beso un arma mortal que “chupaba” el alma de las personas. Como su sola presencia angustiaba al resto de los personajes, la solución para “salir” de ese estado emocional, era comer chocolate.

 

No es casual que escritores como Rowling aconsejen comer chocolate ante una situación de angustia. Ellos solamente están hablando metafóricamente de lo que el chocolate significa para nuestra vida. Es, quizás, el alimento con mayor carga emocional que existe, creador de momentos y significados, constructor de anécdotas y tradiciones, y así hasta el infinito.

 

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Pero volviendo a la Argentina, hay un tesoro único a solo 100 kilómetros de Capital Federal: la chocolatería “La olla de cobre”, que con un producto único subsiste hace 40 años cualquier contexto económico o político, y que mantiene los mismos dueños y empleados “de siempre”.

 

"La olla de cobre" nació en 1978 cuando comenzaba un incipiente turismo que llegaba a San Antonio de Areco. Carlos Gabba y su familia, oriundos del lugar, tuvieron la visión que solo los grandes emprendedores pueden tener: hacer algo para el nuevo turista.

 

Hicieron investigación de mercado y se dieron cuenta que el negocio del alfajor era un producto característico de lugares tan tradicionales y coloniales como son las ciudades del Oeste de la provincia de Buenos Aires.

 

Su familia hacía alfajores y "jugaban" con productos basados en el chocolate, "pero más casero que otra cosa", admite Carlos Gabba, dueño hace 40 años de "La olla de cobre", a SECCIÓN CIUDAD.

 

"Empezamos todo muy manual y básico; compramos máquinas viejas y usadas, porque en el momento era inaccesible comprar nuevas", recuerda Gabba. Y así, casi sin saberlo, estaba creando una joya que rompe con cualquier negocio de modelo actual. La clave es la calidad de excelencia de su producto, que rompe con todas las estrategias modernas de marketing, publicidad o administración de empresas que enseñan en las universidades.

 

 

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El nombre del lugar conmemora la primera olla de cobre donde empezaron a hacer las pruebas y muestras que hoy resultan un éxito, que ni el propio Gabba ni nadie se imaginaba: "siempre fue mucha fe", cuenta entre risas, mientras que su humor y calidez se traslada al alfajor, no por casualidad.

 

Lo que les despertó la idea de hacer el alfajor es que sintieron que no había "un rico baño" para hacerlo. "Eso nos ayudó a aprender a hacer un chocolate amargo para bañar el alfajor", detalla. Además, revela el secreto de su éxito: traen cacao desde Ecuador y lo refinan durante 30 horas, que es un día y medio, cuando una refinación normal son seis horas.

 

Para Gabba, el chocolate representa "toda su vida" y cuenta, emocionado, que "sus hijos nacieron acá, son todos chocolateros. Así que para nosotros el chocolate tiene una carga más allá de lo comercial, sino que es un vínculo familiar y emocional".

 

Ir a "La olla de cobre" propone un viaje de un cuento mágico: hay olor a chocolate hasta una cuadra antes de llegar al lugar. Adentro, si uno es audaz, deberá lograr observar lo que hay detrás del fiel tumulto de gente que visita el lugar, que permanece abierto casi todos los días y todo el día de la semana.

 

Pero allí están: los chocolates. En rama, con nuez, en forma de corazón, mezclados con menta. Son infinitas las posibilidades creativas que se pueden formar con la base del chocolate. No obstante, su producto estrella es, sin dudas, el alfajor.

 

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EL ALFAJOR O EL "OLOR A PRIMERA VISTA"

 

Envuelto en un papel color cobre que simula, no por casualidad, la olla de cobre original donde se fabrica el mismo chocolate hace 40 años, el alfajor de Carlos Gabba es un viaje sin retorno.

 

La experiencia empieza, sin dudas, con el olor: es “a primera vista”, profundo y penetrante, e ilusiona ansiosamente a sus usuarios. Luego, el momento crucial: la primera mordida, que extrañamente “suena”. Sí, el alfajor de "La olla de cobre" es el primer alfajor sonoro del mercado, quizás debido a su cobertura de chocolate que se destroza en partes perfectas al ser intervenido por nuestra boca.

 

El alfajor está protegido por una capa perfecta de chocolate que en su imperfección artesanal quiebra cualquier idea anterior de lo que se pensaba como alfajor. Pero el dulce de leche es, sin dudas, uno de los personajes más importantes de toda la película. Junto con la masa, como buen co-protagonista, forma una dupla que te hace viajar en una celuloide que se consume, y resta esperar el clímax final. Es placer, no hambre.

 

La  olla de donde se hace el chocolate durante 30 horas se mantiene hoy decorando el local, aunque el pesar de los años se le notan. "Hacemos algo íntimo, casero, damos lo mejor de nosotros", concluye Gabba o el “Willy Wonka” argentino, y vuelve a su fábrica. Hay oro en San Antonio de Areco, es el final del arcoiris, pero en forma de alfajor.

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