Una sociedad indolente

Jueves, 20 de Abril de 2017 - 12:16 hs

Las imágenes son impactantes y cuestan borrarlas de la mente. La caída al vacío desde la tribuna producto de una brutal golpiza nos horrorizó a todos. Esos hombres se convirtieron en fieras salvajes instigando o inspirados por un grito de guerra: ¡es de otro club! Tan grave como esa escena fue la pasividad de quienes estaban allí: espectadores privilegiados en las primeras que no sólo vieron sin emoción alguna lo sucedido, sino que continuaron con su programa de ver un partido de fútbol como si nada hubiera ocurrido, como si la violencia y la muerte en un estadio no fueran más que la representación de la naturalidad de lo obvio. 

 

La tragedia en el estadio Mario Kempes volvió a mostrarnos desnudos como sociedad, poniendo en jaque nuestra propia convicción de ser solidarios y sensibles. En Córdoba, mostramos lo peor que nos está pasando y corroe como sociedad: somos apáticos, indolentes e indiferentes. 

 

Los autores se convierten en delincuentes, y la justicia deberá actuar. A nosotros nos queda la obligación de cambiar. No podemos conformarnos con la excusa del folklore futbolístico donde los cánticos de las hinchadas llaman a la eliminación del otro, a la ponderación de la violencia, a entronar el consumo de droga. No nos podemos conformar.

 

El partido no debió jugarse, los que vieron lo ocurrido debieron irse del estadio. Las imágenes perturban. Hay padres con sus hijos pequeños que fueron testigos privilegiados y se quedaron para gritar luego el gol de Belgrano y sufrir el de Talleres. Debían haber abrazado a sus hijos, irse, hablar y comenzar un nuevo camino de educación que todos debemos encontrar y recorrer, en el marco del apego a la vida, al encuentro y al respeto, en el cual el fútbol sea lo que debe ser: un juego, un espectáculo, un deporte que nos eleve y que nos haga felices por unos instantes. Tanto y tan sólo eso.

 

CLAUDIO AVRUJ   Secretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural de la Nación

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