"Todes juntes": El lenguaje inclusivo que busca cambiar la forma en que hablamos

ENTREVISTA (Por Malena Montes) Santiago Kalinowski, de la Academia Argentina de Letras, da su visión sobre el uso de las e, x y @ en las palabras como "todes", "nosotr@s" o "algunxs" para incluir los géneros.

Lunes, 19 de Febrero de 2018 - 11:06 hs

Por Malena Montes @DraCasan

 

Decimos quince horas y no “las tres de la tarde” por una normativa sobre la lengua en los años 30. A muchos les molestaba decir “Presidenta” cuando Cristina Fernández de Kirchner era mandataria, pero nadie se molestó por la palabra “sirvienta”, que la afecta el mismo tipo de reglas gramáticas. Sucede que en la historia social del español, el cargo de Presidente fue tan frecuentemente ocupado por un hombre, que el hablante empezó a escuchar que era una palabra masculina, que eso no le pasaba con 'amante' o 'cantante', que nunca fueron palabras cuestionadas.

 

En las películas también hubo cambios. El doblaje en “neutro” que tanto molesta, Pixar lo soluciona usando a famosos de nuestro país para luchar contra eso.

 

Sin embargo, ningún hablante va al diccionario a pedirle permiso para hablar. Hablamos, usamos las palabras, las deformamos y las cambiamos constantemente. Las entidades de la lengua, por su parte, intentan recoger esos términos para ser un reflejo de la sociedad. No obstante, el movimiento feminista busca que la cuestión se dé al revés: cambiar el lenguaje, combatir el patriarcado, y poner fin así a la injusticia social.

 

El ser humano es un ser social y el lenguaje es la herramienta que tenemos las personas para comunicarnos entre nosotros. Necesitamos de los demás, y para ello se creó un sistema de reglas que generan un “código” para entendernos entre todos. Pero a las palabras no se las lleva el viento, sino que son atravesadas por el avance del mundo moderno.

 

En esa línea, muchos términos quedaron obsoletos. Basta pensar en un caso de feminicidio, al que llamaban “crimen pasional”, alegando una conducta aislada y no sistemática de opresión y discriminación hacia las mujeres. Otro ejemplo es el nuevo concepto de bullying, al que antes se le decía “violencia escolar”, escondiendo así una problemática que alcanza muchas otras causas, aspectos y problemáticas.

 

Las palabras cambian y eso conlleva toda una nueva manera de pensar y entender nuestra realidad. El lenguaje construye y aporta, no hay dudas. “Somos pensados”, dice la filosofía, y no por casualidad. Las palabras son nuestra herramienta para explicar lo que nos pasa. Pero si no se usan de manera correcta, podemos perder, negar o simplificar muchas de las aristas de nuestra vida.

 

En este contexto, la lucha feminista por la igualdad de oportunidades y derechos entre hombres y mujeres empuja los límites del lenguaje para proponer uno nuevo con perspectiva de género. Algunos usan el arroba “@”, otros la “x” y, el más nuevo, la “e”, que se presenta como una alternativa superadora a sus antecesores ya que se puede usar también en el habla.

 

Los límites del lenguaje fueron incluso cuestionados por la tradicional editorial parisina Hatier, que redactó el primer manual escolar con lenguaje inclusivo.

 

"¡Muy orgulloso.a.s de haber publicado el primer manual escolar redactado en escritura inclusiva!", escribió la editorial francesa en su cuenta de Twitter.

 

La curiosa grafía "fier.ère.s" o "fier·ère·s" ("orgulloso·a·s"), con puntos intercalados, es una adaptación no sexista del adjetivo, que equivaldría en español a nuestros impronunciables "nosotr@s" y "nosotrxs" o el más reciente "nosotres". La "escritura inclusiva" francesa abarca múltiples estrategias igualitarias, entre las cuales el uso del "punto medio", también llamado "punto de alteridad" o "inclusivo", es de las más controvertidas.

 

El manual escolar generó grandes polémicas en el país del gallo, el animal orgulloso y arrogante que levanta la bandera del lenguaje “correcto”. En esa línea, la Academia francesa de la Lengua se posicionó en contra en un comunicado difundido a finales de octubre del año pasado. Sus 40 miembros, los llamados “inmortales”, alertaron que "ante esta aberración 'inclusiva', la lengua francesa se encuentra ahora en peligro mortal y nuestra nación es, desde hoy, responsable ante las generaciones futuras".

 

Además, la institución fundada en 1635 por el cardenal Richelieu para “velar por el mantenimiento de la lengua francesa” denunció: "Si ya es difícil aprender una lengua, ¿qué sucederá si en su uso se añaden los sufijos alterados?".

 

El ministro de Educación Jean-Michel Blanquer no dejó dudas sobre su posición: "Hay una sola lengua francesa, una sola gramática, una sola República". Por su parte, el 22 de noviembre el primer ministro Edouard Philippe dirigió una circular a la administración pública que avivó la polémica: "Invito a ustedes, en particular en textos destinados a su publicación en el Boletín Oficial de la República francesa, a no hacer uso de la llamada escritura inclusiva". Philippe instaba a apegarse "a las reglas gramaticales y sintácticas, sobre todo por razones de inteligibilidad y de claridad de la norma".

 

LA POSTURA DE LA ACADEMIA ARGENTINA DE LETRAS

 

SECCIÓN CIUDAD dialogó con el director del departamento de Investigaciones Linguisticas y Filológicas de la Academia Argentina de Letras, Santiago Kalinowski, para saber la visión sobre el lenguaje inclusivo de la entidad que busca "dar unidad y expresión al estudio del idioma".

 

¿Cómo se investiga el uso de la lengua en la Academia?

 

Nosotros publicamos un diccionario que se llama contrastivo, que quiere decir que no incluye palabras generales del español, sino que incluye solo palabras que se usan en la Argentina de manera preponderante. Se llama "Diccionario del habla de los argentinos" y es un libro de 616 páginas, que incluye el registro de 3280 vocablos, que corresponden a unas 6500 acepciones usadas en nuestro país. Hacemos relevamientos en la literatura, la prensa y, últimamente, hacemos trabajos con Twitter.

 

¿Cómo advierten el uso de nuevas palabras?

 

Es muy difícil, pero es empezar a sospechar que una palabra no se está usando de la misma manera. Hay que hacer un ejercicio un poco esquizofrénico de cuestionar a la primera palabra disponible que se nos ocurre para definir algo.

 

¿Qué opinás del lenguaje inclusivo?

 

Es un recurso de intervención del discurso público de una enorme potencia, que busca corregir una injusticia en la sociedad. Desde ese punto de vista, tenemos que aceptar y elogiar cuando aparece; pero lo que no tenemos que hacer, es condenar al que no lo use. Toda innovación que los hablantes introducen tiene un primer momento de reacción. Si hay una innovación que se introduce, normalmente es porque esa innovación viene a satisfacer una necesidad comunicativa, que muchas veces son novedosas, porque el mundo va cambiando. Una cosa son las leyes de la lengua, y otra cosa los debates de la sociedad, y su intentos de mejorarla. En esos intentos, que corresponden a la acción política, es decir, la intervención sobre el discurso social. En esa intervención es válido y necesario valerse de recursos y desde ese punto de vista, usar como marcado el masculino es un recurso potente. Se trata de un recurso argumentativo que tiene la intención de lograr un efecto en los que lo escuchan. Eso te da la pauta de que en realidad no es un fenómeno lingüístico sino que es un fenómeno del tipo político retórico. Hay una especie de pensamiento mágico que dice que 'si cambiamos la lengua, cambia el mundo', entonces vienen las organizaciones de derechos humanos, sexuales o feministas, a decir que esa palabra tiene que salir del diccionario y que con eso se va a arreglar el mundo. Pero el diccionario recoge el machismo y el racismo de los hablantes, y refleja además la intención con la que se usa esa palabra.

 

¿Qué pensás del caso Hatier de Francia?

 

Los franceses no pronuncian nunca el final de las palabras, así que tienen una ventaja comunicativa. Se trata del uso de un recurso argumentativo retórico muy potente para intervenir el discurso público, pero de ahí a que cambie la estructura sintáctica del género es otra discusión mucho más larga e impredecible. Existe el género femenino y el masculino; el femenino tiene solamente la función de indicar cuando algo es femenino, pero el masculino tiene dos funciones: una marcada y otra no marcada. La marcada es para indicar los hombres, y la no marcada para indicar a todos. Entonces, por ejemplo, si vos decís el "día del niño" no es solo de los niños varones. Esto está codificado en la lengua, es muy profundo, no es simplemente dejar de usar una expresión. La disparidad de género es un problema universal y uno se puede hacer la pregunta de por qué el género masculino es el no marcado.

 

¿Estás de acuerdo con la definición de la palabra fácil de la RAE: "Dicho especialmente de una mujer: Que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales"?

 

Existe todavía esa interpretación y el diccionario lo muestra. La gente no le va a pedir permiso al diccionario para decir algo. Por el contrario, dice algo y el diccionario va atrás a tratar de representar de la mejor manera posible eso. Pero ahí también se mete la ideología muchas veces y hay muchas definiciones que son realmente muy criticables. Existe un proceso de corrección en las academias para que no haya una carga moral en la definición. La lucha es social y cultural. Después de un proceso largo, estas expresiones que son sexistas pueden empezar a caer en desuso y desaparecer del diccionario. 

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¿Cuál es la postura de la Academia Argentina de Letras sobre el uso de la "e" para generar el lenguaje inclusivo?

 

La idea es no criticar una intervención que es política desde el lado de la lingüística y condenarla; así como tampoco no pretender que algo que es una intervención política se codifique inmediatamente en la lengua, porque eso es un proceso natural que depende de la comunidad de hablantes. Los hablantes hacen lo que necesitan hacer. Sin embargo, como manera de escenificar una problemática es fenomenal, hay que seguir usándola y hay que saludarla.

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