Tiempos de grieta y sobre información

Por Magdalena Ordoñez

Jueves, 10 de Octubre de 2019 - 02:50 hs

Desde hace 70 años se ha asentado entre los argentinos la “grieta”. En nuestro país se entiende que el mismo viene de la mano de ciertos ideales populistas que implican un nosotros en contra de un ellos, un pueblo y un antipueblo. En la cultura polarizada en la que vivimos, los ciudadanos se encuentran ante la necesidad de posicionarse de un lado o del otro de la brecha, y no hay puentes que unan ese abismo. Si bien el concepto se instaló para determinar ideologías políticas, hoy en día se ha trasladado a aspectos culturales, sociales y económicos.

 

En este sentido, se presenta la propaganda del candidato a presidente por el Frente de Izquierda Nicolás del Caño.“Romper con el FMI”, “No pagar la deuda usuraria y fraudulenta”, “Que la crisis la paguen los capitalistas, no el pueblo trabajador”. No sólo se trata de afirmaciones escandalosas para el riesgo que supondría para la relación de la Argentina con el resto de los países del mundo. Por lo que la grieta se expandiría fuera de nuestras fronteras. Además, se trata de un discurso que busca justamente ampliar la brecha, poner a unos de un lado, y al resto del otro. Los que son capitalistas, no son el pueblo, y mucho menos, trabajadores.

 

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Hay una realidad económica que se da a raíz de un proceso inflacionario, aumentos tarifarios y recesión en la actividad comercial e industrial. A su vez, se desencadena una disminución en las tasas de empleo y, por ende, en la calidad de vida de las personas. Esta realidad económica se traslada a una social, donde existe un sector golpeado y vulnerable, que necesita de planes sociales para poder llevar comida a su mesa. Si tenemos en cuenta que esto viene sucediendo desde siempre, y que los gobiernos de izquierda y peronistas se han venido presentando como los salvadores de esta situación, es lógico que surja una brecha. De la misma forma en que es sano y necesario que existan distintas realidades, diferentes opiniones y diversas formas de ideologías. Pero en la Argentina esta brecha económica y social se asocia directamente a la grieta política. Y es entonces donde el que se posiciona de un lado del abismo, es consecuentemente enemigo del que está del otro.

 

 

Sin embargo, hay una cuarta forma de considerar al concepto de “grieta”, y es la que generan los medios masivos de comunicación. En estos tiempos no se priva a la sociedad del acceso a la información. Por el contrario, se la satura y llega a generar confusión. La sobreinformación es tan peligrosa como el no saber nada, porque implica, de cierta forma, un desconocimiento total de la realidad. En un mundo donde todas las visiones son consideradas como verdad (por más que sean subjetivas), y además, se vive a contra reloj, no hay tiempo para verificar qué es real y qué no. Todo lo que se publica, se consume como la verdad (de alguien). Y de esta forma, los medios se ocuparon de extender la ya existente brecha entre los argentinos.

 

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Nicolás del Caño utiliza este mismo canal para plantear una ideología nefasta como programa en su campaña. La realidad es que más que sumar a la ciudadanía, genera mayor resentimiento y odio entre hermanos. Capitalistas somos todos los que vivimos dentro de este sistema, que tiene al capital como generador de riquezas, y a la asignación de recursos como parte de un mecanismo de mercado en el que estamos insertados, al igual que los grandes países del mundo. Los partidarios de este sistema no son menos trabajadores, ni menos ciudadanos argentinos, pertenecientes a este concepto tan ambiguo llamado “pueblo”. Lo que es más, sin pensar en si se está o no de acuerdo con el FMI y la deuda que hemos contraído con el ente, somos parte de un sistema democrático. Es por este medio por el que llegamos a este gobierno, quien tomó la decisión de tomar el préstamo. Y por respetar a este sistema, es que todos estamos comprometidos a cumplir con el procedimiento correspondiente. Querer negarlo es ingenuo, y llevarle la contra es trasladar ese resentimiento para con el resto del mundo.

 

Utilizar a los medios de comunicación como canal de información para lo que a uno le conviene, no es nuevo. La sobreinformación es una realidad actual que amenaza con destruir la convivencia entre hermanos y conciudadanos. Utilizar este método para seguir ampliando la brecha, es completamente maligno. Pero estar informados y buscar alcanzar la verdad, depende de cada uno, y de la intención que tengan para verificar datos, más que quedarnos con lo primero que consumimos en un medio digital.

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