Lunes, 22 de Abril de 2019

Salir o volver a Egipto

Por: SERGIO BERGMAN

Son días de celebraciones -en las tradiciones judías y cristianas- de las Pascuas, cuyas raíces compartimos y sus mismos valores transmitimos con expresiones particulares de cada una y con un mismo mensaje universal de redención.

 

En lo humano somos libres en la ley: encarnando un espíritu sagrado; ejerciendo el libre albedrío para que la libertad responsable y creativa nos haga protagonistas en el presente de nuestro futuro sin entregarnos pasivamente al destino.

 

Así como salir de Egipto fue importante por liberarnos de la opresión autoritaria de un faraón, no era menor el desafío de llegar a la Tierra prometida.

 

Ser libres del faraón con un sentido redentor en la libertad para ser lo que queremos ser. Algo que nos da libertad y, al mismo tiempo, responsabilidad de un camino difícil y largo, pero valioso y necesario. Salir para viajar hacia donde queremos llegar y sin renunciar a la libertad, cuando ante la dificultad del camino -aun siendo un desierto- comenzamos a dudar y a reclamar que tenemos añoranza de aquellos tiempos en los que -aun siendo esclavos- no teníamos necesidad de tramitar esta dificultad que el camino a ser libres nos ha de demandar.

 

Así en el relato bíblico, el mismo pueblo de esclavos recientemente liberado reclamaba a Moisés y al mismo Di-s de Israel que los había sacado de Egipto y los había guiado a un desierto donde parecían perecer reclamando la ilusoria abundancia de la vida de esclavos, esa que el faraón -aun a costa de hacerlos esclavos- les aseguraba tener.

 

De igual forma en la cristiandad, cuando para redimir los pecados de toda una humanidad, Jesús se ofrenda como cordero de Di-s, sabiendo que no había aún encontrado en el corazón de los humanos el temple de redimir los pecados capitales para no profanar en codicia, violencia e injusticias; y en lugar de hacer en la casa común que habitamos el reino de los cielos, estamos dispuestos a profanar la dignidad humana en injusticia social e impunidad, por no querer vivir libres dentro de la ley, humanos como hermanos en fraternidad y justos en equidad. Valores que al ser sacrificado en la cruz encarna en su resurrección como mensaje que debemos recordar que nuestros errores, llamados pecados, serán redimidos cuando amemos al prójimo como a nosotros mismos. Incluso en tiempos de transitar el desierto, tenemos claro hacia dónde vamos, haciendo lo que hay que hacer con la esperanza de que no volveremos al pasado de un Egipto, del que nos hemos liberado y muchas veces olvidamos que en él vivíamos como esclavos.

 

La libertad del pasado, que bien sabemos no era mejor, para un futuro que todavía debemos alcanzar y que debemos asumir aun con dificultades, pero basado en la verdad, en el presente que a cada generación le toca transitar.

 

SERGIO BERGMAN   Secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación

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