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Lunes, 17 de Abril de 2017

Mejor gobernar que confrontar

Por: FACUNDO MOYANO

A pesar de estar viviendo el período democrático más largo de su historia, la Argentina aún tiene fuertes dificultades para encontrar soluciones consensuadas a los desafíos que enfrenta. Paradójicamente, a pesar de la continuidad de los gobiernos constitucionales, la confrontación predomina en el campo político hasta el punto de haberse transformado en la actitud no ya de uno u otro actor, sino en una práctica de los gobiernos. El uso del enfrentamiento desde las instituciones que fueron creadas para posicionarse por encima de los conflictos y dar solución a los problemas debe preocuparnos. Todos los argentinos conocemos las dificultades que sobrevienen cuando quienes fueron elegidos para gobernar prefieren confrontar.

 

De hecho, la confrontación fue un instrumento usado con sentido estratégico durante la última presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, bajo el nombre de "batalla cultural". Pero mientras esta "batalla" se libraba en el Congreso de la Nación y en los distintos medios de comunicación, la economía entraba en recesión y los indicadores sociales empeoraban. Al fin de cuentas, la tan citada "grieta" le sirvió al gobierno para ocultar los problemas económicos en vez de solucionarlos. Aún hoy los argentinos pagamos los resultados de la emisión monetaria que alimentaba la especulación financiera, de la cual el negocio del "dólar futuro" fue su peor expresión.

 

Durante 2013 gran parte del debate político giró en torno del proyecto mal llamado "democratización de la Justicia". Luego de intensos debates dentro y fuera del Parlamento, el oficialismo logró su aprobación, pero al poco tiempo la Justicia determinó por amplia mayoría su inconstitucionalidad. Mientras se realizaba una discusión infructuosa sobre una ley que nunca entraría en vigor, el Banco Central dilapidó 11.800 millones de dólares, de los cuales un 90% correspondía sólo a la cuenta de servicios del turismo internacional, que hasta la puesta en marcha del cepo cambiario no había arrojado déficit. El ahorro de los argentinos se perdía mientras el centro de la escena lo ocupaba una discusión estéril. Cuando el relato se aleja de la realidad el resultado es sencillo: en 2013 y en 2015 la mayoría de los argentinos se distanció del relato del gobierno, buscando una alternativa política con una práctica que se presentaba como diferente.

 

Las estadísticas actuales, con un Indec ahora creíble, muestran que a pesar del cambio de gobierno la pobreza sigue creciendo. También el año pasado los trabajadores y jubilados perdieron entre un 7% y un 10% de poder adquisitivo. Las promesas de "lluvia de inversiones", los "brotes verdes" y el "segundo semestre" han sido sólo expresiones de deseo cargadas de voluntarismo que, una vez más, intentan doblegar la realidad a través del relato. Aun cuando se cumpla el crecimiento del 3,5% estipulado en el presupuesto 2017, la pauta oficial de una paritaria del 18% es sumamente baja para los asalariados, que arrastran el ajuste del año pasado. En este contexto, no debe sorprender a nadie el aumento de la conflictividad social en una Argentina donde sus ciudadanos pueden manifestarse libremente, en un marco de respeto a las instituciones y al gobierno democráticamente elegido.

 

Desde las cámaras legislativas, en las que el oficialismo no tiene mayoría, hemos dado muestras de que los representantes elegidos por el pueblo podemos expresar nuestros diferentes posicionamientos con una pluralidad que permiten los tan ansiados diálogo y consenso. El resultado de esto es concreto: 87 leyes sancionadas en el Congreso de la Nación, incluyendo temas tan sensibles y tan disímiles como el pago a los holdouts y la emergencia social. Los poderes que nuestra Constitución otorga a la presidencia de la República deben ser utilizados con sumo cuidado para lograr sintetizar las tensiones que naturalmente existen en una democracia, encontrando soluciones que puedan ser consideradas legítimas por los distintos sectores.

 

Las divergencias políticas y el derecho a expresarlas respetando nuestra Constitución fortalecen la democracia. Los gobiernos no pueden comportarse como un sector político más, porque de esa manera profundizan los conflictos en vez de encontrar soluciones. Ponerse al nivel de actores a los que se considera antagónicos puede otorgar réditos políticos y electorales a corto plazo, pero no debe confundir a quienes tienen la responsabilidad de gobernar, construyendo consensos y buscando la unidad de todos los argentinos.

 

FACUNDO MOYANO   Diputado Nacional

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