Los dos lados del populismo

Por Magdalena Ordoñez

Jueves, 15 de Agosto de 2019 - 05:36 hs

Tras los resultados recientes de las elecciones primarias, empezaron a circular ideas diversas relacionadas al populismo, a la economía, a los planes sociales. Son todos conceptos muy arraigados a la cultura del argentino porque, de un lado o del otro de la brecha, todos tienen su opinión formada al respecto y en todos tienen su injerencia. ¿De dónde vienen y a dónde van a parar estos conceptos?.

 

El Estado argentino se ha establecido como un Estado de bienestar desde la Presidencia de Juan Domingo Perón, donde se buscó darle más privilegios al trabajador para elevar su calidad de vida. Hoy en día, con gobiernos como el de Cristina Fernández o de Mauricio Macri, se ha convertido en un Estado predatorio, donde la entrega de beneficios se ha vuelto un derecho adquirido para todos por igual, sin un desarrollo de la economía que permita mantener esa estructura gigante que se cargaron encima. Lo que es más, el gobierno está permanentemente aplicando medidas keynesianas, de corto plazo, para promover el consumo, y así esperan que el ciclo de la economía empiece a moverse. Pero sin empleo, se genera un consumo ficticio, un sistema que deriva eventualmente en la inflación, en la devaluación del peso, y en la continuidad de la crisis económica. De la cual pareciera ser imposible salir.

 

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En el período de entre guerras, en Alemania, el Estado de Bienestar, donde se buscaba proteger a segmentos de la sociedad que estaban caídos del mercado, funcionó bien por estar solventado por un estado keynesiano. Para compensar la falta de capital, se tomaron medidas que promovieran no solo el consumo sino también la producción. Y eso se sostuvo cuando lograron el pleno empleo. Es evidente que la teoría debe ser ejecutada como una cadena, donde los dos sistemas funcionen como las dos caras de una misma moneda.

 

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En la Argentina, y también en Latinoamérica, el Estado de Bienestar es relacionado estrechamente con el populismo, con los derechos humanos y con los movimientos de izquierda. De esta forma, Cristina se para en la vereda del pueblo, con los planes sociales, servicios estatales completamente gratuitos, el cepo cambiario, y un Ahora 12 eterno. Sin embargo, Macri también se para en la vereda del pueblo, pero del otro lado de la acera, buscando representar al argentino nacionalista y liberal, que busca el cambio porque sabe que la Argentina merece algo mejor. Así y todo, no pudo desprenderse ni de los planes sociales, ni de las medidas económicas desmedidas que pretenden contener algo que, eventualmente, se va a disparar. Viendo dos caras del populismo tan contrapuestas, se puede decir que no es más que una estrategia política, que pretende representar al pueblo desde dos ángulos distintos. De las dos formas, se trata de una confrontación discursiva, que plantea la existencia del pueblo y del anti pueblo.

 

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“Es la economía, ¡imbécil!”, dijo Bill Clinton en 1993. Siempre lo fue y hoy lo sigue siendo. El tema está en analizar por qué en la Argentina no funciona el Estado de Bienestar, ni las medidas keynesianas, ni el populismo de izquierda, como tampoco el de derecha. En cuanto a la sociedad, no hay camino por recorrer que no agrande más la brecha. Y en cuanto a lo económico, que permite una mejor calidad de vida para los trabajadores, el país se encuentra por debajo de lo que hoy es capaz de producir, sin empleo, y claramente sin consumo.

 

No existen en el mundo muchas más opciones a la hora de elegir un sistema de gobierno. Por lo que quizás no haya una respuesta técnica que permita solucionar esta crisis. Quizás, entonces el foco haya que ponerlo en otro lado. ¿Cómo es posible que con un país tan maravilloso como el nuestro, muchos tengan la necesidad de irse para encontrar una vida mejor? La cultura argentina de la polarización y el resentimiento a las clases sociales contrarias quitan las esperanzas de todos. La verdad es que, más allá de la pertenencia o apoyo a cualquier partido político, con o sin planes sociales, con un gobierno socialista o uno liberal, lo que nos une es el deseo de salir adelante y triunfar como país. Estaría bueno, para variar, que podamos enfocarnos en lo que tenemos en común, en lugar de ver quién tiene más fuerza para imponer su postura.

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