Legalizar el aborto es darle a las mujeres el derecho a elegir

Martes, 12 de Junio de 2018 - 10:45 hs

Ninguna mujer busca, desea ni quiere pasar por un aborto. Ni la más abortista y feminista. Ese fue un argumento que hace años me dijo una compañera feminista. Fue un planteo que me quedó grabado, sobre todo porque conozco personas que abortaron, que tuvieron la posibilidad de elegir no continuar con su embarazo. No fue una decisión grata, pero primó su posibilidad de elegir a partir de contar con una situación económica y social que les permitía acceder a la información y al tratamiento.

 

Hay quienes hoy plantean que debemos “salvar las dos vidas”, a ellos debemos decirles que ni la ciencia ni la ley los avala. Alberto Kornblihtt, doctor en Ciencias Químicas, licenciado en Ciencias Biológicas e investigador del Conicet dijo: “Un embrión en gestación no es un ser humano, es un embrión. Un embrión no podría llegar a término fuera del útero materno. No es correcto decir que un embrión es una persona porque no es una persona desde el punto de vista biológico y social”. Desde el punto de vista legal, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos coincide que “no es admisible otorgar la condición de persona al embrión”.

 

Hay argumentos legales, científicos, de sanidad (como que el aborto es la principal causa individual de la mortalidad materna), de justicia social (porque son las mujeres pobres quienes arriesgan su vida en abortos clandestinos, mientras que quienes pueden pagarlo se someten a procedimientos seguros), de evidencia empírica internacional (como el caso de Uruguay, que ha logrado reducir la mortalidad materna o el de España que viene reduciendo la cantidad de abortos desde su legalización). Pero, por lo menos desde mi punto de vista, el argumento que debe ocupar el centro del debate es el del derecho a elegir. Probablemente sea el menos entendido en una sociedad patriarcal como la nuestra, pero lo cierto es que la maternidad se debería elegir. La decisión de tener hijos y cuándo tenerlos es uno de los asuntos más íntimos que las personas afrontan a lo largo de sus vidas. El Estado está obligado a no interferir en ese tipo de decisiones, pero, debe establecer las condiciones para que elijan de forma libre y responsable, poniendo al alcance de quienes lo precisen servicios de atención sanitaria, asesoramiento e información.

 

Prohibirnos como mujeres interrumpir un embarazo no deseado nos coloca en la posición de medio para llevar adelante la gestación, reforzando una idea de que somos incapaces de tomar decisiones autónomas sobre nuestra salud. El Estado, los diputados en este caso, no deberían adoptar una postura en donde se inclinen por una u otra posición, sino permitir que opten con autonomía. El Estado debe acompañar a las mujeres que desean tener un hijo, y a las que no lo desean.

 

Imponernos como mujeres tener hijos y criarlos, cuando no los deseamos, afecta nuestros derechos a la educación, al empleo, y a otras actividades referentes a nuestro desarrollo personal, además de imponernos trabajo que la mayoría de las veces llevamos adelante solas. Cuando las mujeres no podemos acceder en condiciones dignas a los servicios de salud en situaciones de embarazo no deseado, somos condenadas a vivir las consecuencias físicas y emocionales de esa privación. Nuestros derechos se ven coartados.

 

Que quede claro que sea cual sea el resultado de la votación, las mujeres que deciden hacerse un aborto lo van a seguir haciendo y aquellas que quieran seguir adelante con su embarazo lo harán. Quien no vote este proyecto no podrá cambiar esa situación, pero debe tener en cuenta lo que le pasa y seguirá pasando a la mujer que se someta a un aborto clandestino sin la adecuada asistencia, o a llevar adelante un embarazo que no desea. Ellos serán los responsables de coartarnos a las mujeres nuestro derecho a decidir.

 

BÁRBARA BONELLI   Secretaria Parlamentaria de Evolución Radical en la Cámara de Diputados de la Nación

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