Hay que dejar la balanza de lado

(Por Magdalena Ordoñez) Las dietas, los hábitos y todo lo relacionado a la alimentación están muy latentes en la sociedad. El peso o el físico no siempre determina una mejor o peor salud.

Sábado, 21 de Setiembre de 2019 - 06:48 hs

Como ya se ha hablado anteriormente en mi artículo "Alimentación consciente en época de alerta ambiental", publicado en SECCIÓN CIUDAD, el tema de las dietas, de los hábitos y todo lo relacionado a la alimentación están muy latentes en la sociedad de hoy. Quizás porque el ser humano es cada vez más consciente de las malas costumbres adquiridas a lo largo de los años. Quizás también porque se ha dado cuenta que lo que come no sólo afecta su organismo, sino también al medioambiente en general. O tal vez porque está de moda, y en las redes sociales existe un gran movimiento que promueve ideas fit. En este sentido, es importante entender que lo que se ve a través del peso o el físico de una persona no siempre determina una mejor o peor salud. Para comer de manera consciente, es necesario dejar de obsesionarse con la balanza, ya que esto puede ser dañino para la autoestima, el bienestar físico y, por ende, la salud.

 

Alimentarse de manera consciente se trata justamente de eso: de entender lo que entra en el cuerpo, saber de dónde viene, cómo fue producido, de qué manera afecta al organismo y si tiene consecuencias en el ambiente donde nos movemos. En este sentido, la clave está en ser organizado.

 

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Hoy en día es cada vez más difícil conseguir tiempo para hacer las compras, cocinar, armar las viandas, trabajar, hacer ejercicio y cumplir con cuánta cantidad de actividades y compromisos. Por eso, ser organizado puede implicar armar un menú semanal. De esta forma, cuando vamos al supermercado, no compramos lo primero que ve en la góndola o lo que tienta en el momento. Además, si se consigue encontrar un día a la semana en donde cocinar, es recomendable hacerlo para toda la semana, armar viandas y congelar. De esa forma, el tiempo se optimiza, y es más fácil cumplir con el orden y la prolijidad de las comidas. Lo que es más, al plantear un calendario semanal con las comidas de cada día, es más fácil darse cuenta qué se comió al día anterior y qué debería comer al día siguiente. Esto permite mantener un menú variado, nutritivo, y con todos los complementos necesarios a lo largo de una semana entera.

 

Es real que son cada vez más los alimentos que sufren algún tipo de tratamiento químico. El envoltorio es el que determina el nivel de procesamiento. Por eso, es recomendable ir haciendo, de a poco, un traspaso de los supermercados a las dietéticas y mercados naturistas. Sin flagelar a nadie, y entendiendo las limitaciones de tiempo y espacio de cada uno, es importante ir dándole lugar a un cambio en el modelo de consumo. Sobre todo, porque es clarísimo que cuanta más comida procesada es ingerida, peor es la reacción del cuerpo frente a este tipo de consumos. Además, cuánto más rica es la comida casera…

 

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Por último, hay que resaltar la necesidad de no demonizar ningún alimento. Hace algunos años se decía que las propiedades del huevo eran nocivas para la salud. Hoy las mismas propiedades se han vuelto totalmente necesarias para la alimentación. Lo mismo sucede con la carne, los lácteos, los carbohidratos y el gluten, entre otros. El cuerpo humano está preparado para recibir este tipo de alimentos (salvo en casos puntuales, como aquellas personas celíacas); y al ser un sistema omnívoro, las proteínas y grasas que provienen de estos alimentos favorecen al mejor funcionamiento del cuerpo. La restricción absoluta genera desórdenes y privación de placer cuando, estamos todos de acuerdo, la hora de la comida se ha convertido en una cuestión cultural. En ese sentido, el placer de comer algo que guste al paladar está relacionado con funciones emocionales, sociales y culturales. Por eso, lo importante es medir las porciones, incluir variedad de tipo de alimentos, y ordenarse para poder generar un mejor control sobre la calidad de la comida y, eventualmente, en el peso del cuerpo. Sin obsesionarse por comer alimentos “puros”, se puede alcanzar un perfecto equilibrio que favorezca la salud del cuerpo y de la mente.

 

Como conclusión, para una alimentación consciente es fundamental entender si estamos comiendo por ansiedad o si realmente tenemos hambre; que la hora de comer sea la hora de comer, no la de ponernos al día con un programa de televisión o con las redes sociales; preparar la mesa como si recibiéramos invitados, para encontrarnos en un lindo entorno a la hora de comer; y masticar lento, disfrutando cada bocado, y dejándole tiempo al cuerpo para que haga una buena digestión. Una buena alimentación debe ser completa, armónica, suficiente, y adecuada a la cultura y a las posibilidades de cada familia.Y además, una buena alimentación está muy lejos de dietas estrictas que ponen en riesgo la salud y la calidad de vida de las personas. Se acerca mucho más a los buenos hábitos, que incluyen permitidos y momentos de goce y disfrute.

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