Miércoles, 12 de Julio de 2017

En salud, la indiferencia mata

Por: PATRICIA D´ASTE

Silenciosamente y a diario suceden hechos lamentables que incluyen al Sistema de Salud, pero pocas veces son noticia. Las ambulancias que no entran a los barrios carenciados por falta de seguridad o porque están rotas; las guardias de hospitales metropolitanos abarrotadas de pacientes; los médicos amenazados por violentos dentro de los mismos hospitales; las Upas que funcionan a medias o con pocas horas de profesionales; los enfermos que duermen en las escalinatas de los hospitales y salitas de todo el país, esperando por un número salvador que significa que ese día lo van a atender.

 

No importa si la pared está pintada de amarillo de naranja o de azul, lo que importa para los funcionarios de turno es que “parezca” limpio y moderno, pero lo de adentro?: la atención y sus registros en las historias clínicas, el seguimiento de los casos, las cirugías seguras, el cumplimiento de protocolos y los controles de calidad, de eso no se habla. ¿La población fue atendida con calidez, se le brindó el tiempo suficiente para hacer preguntas, se le explicó el consentimiento informado? No lo sabemos, porque no se controla ni se registra. La ineficiencia deja inerte a las buenas ideas.

 

Esta actitud hecha endémica se manifiesta en la enfermedad del no se puede cuyo síntoma más visible es la indiferencia. Ésta mata también a nuestros médicos y enfermeros que trabajan en 3 o 4 empleos, están agotados o con síndrome de burn out, cobran magros salarios o simplemente marcan el ingreso y la salida.

 

¿Es por falta de financiamiento que el sector de la salud está estancado? No lo parece ya que en todos los municipios hay carteles que anuncian obras públicas destinadas a Salud. Hay muchos ejemplos de Hospitales recién construidos en todo el país que no pueden funcionar por falta de profesionales o técnicos calificados. En el sector Salud como en otras funciones de gobierno, no hay estadísticas ni números que permitan evaluar la calidad de atención entregada ni la percepción de las necesidades de la población. No tener información cierta y oportuna para llegar a tiempo, es ineficiencia.

 

Parecer no es lo mismo que ser y de esto se trata. Si un niño se muere desnutrido en cualquier provincia o un anciano es abandonado a su suerte por una familia expulsiva, esto debe sacudir las estructuras indiferentes de la política, de los medios de comunicación y de la comunidad toda. Si una niña es violada o abusada en su propio hogar, si una mujer es golpeada o asesinada por su pareja y la conciencia de la sociedad no se conmueve, es indiferencia. ¿Cuántas denuncias hay en nuestros barrios por estos motivos?, ¿Lo sabemos?, ¿Nos importa?.

 

La indiferencia viene de la mano del individualismo, del “no te metas” y de la comodidad. Pero cuando de enfermos se trata, la indiferencia mata.

 

Por indolencia hemos dejado que el sistema de salud se siga fragmentando, lo que hoy nos deja frente a un rompecabezas de piezas cada vez más pequeñas y desconectadas entre sí, porque se legisla emparchando o atendiendo problemas puntuales sin resolver como se van a aplicar. La fragmentación del Sistema de Salud lleva a que los más débiles hagan largas colas, que sus enfermedades no reciban el mismo tratamiento que en otros centros, que sus hijos tengan más problemas en la escolaridad y que sus ancianos sean vistos como una carga. Quizás algunos piensen que esto no les va a tocar porque forman parte de una clase media acomodada o son profesionales con carreras exitosas o jóvenes con un porvenir encaminado; pero sin embargo, cuanto estén de vacaciones y vayan a una sala de primeros auxilios, tengan un inconveniente en una ruta o una urgencia y no lleguen a su centro de confianza, allí verán a la Argentina desigual y fragmentada.

 

Salud es un área a refundar que necesita de un plan maestro a 20 años para que se ponga de pie. En el siglo XXI se valora el servicio centrado en el paciente, los procedimientos seguros, el abordaje en equipos interdisciplinarios, el uso de tecnologías informáticas y de comunicaciones, los tableros de indicadores inteligentes, la capacitación continua, los sistemas de acompañamiento para pacientes crónicos o con cáncer, la evaluación de las nuevas tecnologías sanitarias y las efectivas articulaciones entre los subsistemas público, de obras sociales y privado.

 

Legitimar socialmente al sistema de Salud frente a nuestra población no es sólo una necesidad de esta Argentina, también es posible. El desafío es renunciar al desencanto que paraliza, asumiendo con profesionalismo y creatividad las responsabilidades de este tiempo histórico y siendo capaces de descubrir las oportunidades de éxito en las nuevas generaciones como las semillas del cambio. 

 

PATRICIA D´ASTE   Precandidata a diputada nacional en la Ciudad por el Partido Renovador Federal

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