Miércoles, de 2017

En el Día Internacional de la Mujer, la mujer política argentina

Por: GUSTAVO MATíAS

Cada 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, (llamado también Día Internacional de la Mujer), conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona. Sin embargo, mucha gente no recuerda que significaron en nuestro país los derechos de las mujeres, sobre todo en el terreno de la igualdad política.

 

Desde las luchas por el reconocimiento por parte del género masculino llevadas a cabo a principios del siglo XX por Alicia Moreau de Justo, mítica luchadora que a pesar de su nacimiento como súbdito británico se liberó de esas cadenas al crecer de este lado del Atlántico, considerándose a sí misma como argentina "por decisión propia", hasta la actualidad, en que un 22% de los cargos públicos son ocupados por mujeres, no ha sido un camino sencillo ni exento de luchas.

 

Sin duda, un hito clave en la evolución tuvo lugar el 11 de noviembre de 1951, cuando por primera vez la mujer argentina pudo expresarse libremente en elecciones generales. Por primera vez resultaron elegidas parlamentarias: 23 diputadas nacionales, 6 senadoras nacionales, y si se cuenta a las legisladoras provinciales fueron electas en total 109 mujeres. La igualdad política de hombres y mujeres, se complementó con la igualdad jurídica de los cónyuges y la patria potestad compartida que garantizó el artículo 37 de la Constitución de 1949. El golpe militar de 1955 derogó la Constitución, y con ella la garantía de igualdad jurídica entre el hombre y la mujer en el matrimonio y frente a la patria potestad, reapareciendo la prioridad del hombre sobre la mujer. La reforma constitucional de 1957 tampoco reincorporó esta garantía constitucional, y la mujer argentina permaneció discriminada legalmente.

 

Nada de esto hubiera tenido lugar, seguramente, si el 26 de junio de 1949 en el Teatro Nacional Cervantes la mujer política por excelencia de nuestro país, María Eva Duarte de Perón, no hubiese fundado el Partido Peronista Femenino, con la intención declarada de permitir la intervención de la mujer en la política en un pie de igualdad con el hombre, para llevar a cabo la gran transformación política que significó la aprobación de la Ley de Sufragio Femenino en 1947, con la consecuente oportunidad de que las mujeres votaran y fuesen votadas.

 

No era la primera vez que se trataba un proyecto de ley de sufragio femenino en el parlamento nacional. Entre 1919 y 1942 se presentaron más de una decena de proyectos, pero ninguno llegó a buen puerto. El debate parlamentario de la ley 13.010 tuvo ribetes diferentes a los planteados en la década del 30. En ambas cámaras los legisladores ya no hacían hincapié en las debilidades mentales o físicas de las mujeres (especialmente su falta de musculatura) o en sus deficiencias educacionales sino que, muy por el contrario, recalcaban sus contribuciones, su participación en la fuerza de trabajo y su presencia en los momentos importantes de la historia argentina.

 

¡Cuánta agua corriendo bajo los puentes desde esos hitos fundacionales, hasta aquel 28 de octubre de 2007 en que, por primera vez una mujer era elegida por el voto popular mayoritario para ejercer la más alta magistratura de la Nación! Como no podría haber sido de otra manera, se trataba de una compañera peronista: la Dra. Cristina Fernández de Kirchner, sucediendo a su propio esposo como titular del Poder Ejecutivo Nacional.

 

Resultaría ocioso y redundante repetir lo que se hizo durante su gobierno (junto al de su marido Néstor, el único nacional y popular desde Perón) en favor de los derechos de la mujer, como llevó a tomar conciencia plena del significado de las compañeras dentro del movimiento. 

            

Y sin embargo, hace muy pocos días se cumplió un año de la detención arbitraria, en abierta violación a sus derechos humanos y a pactos internacionales de los que la Nación Argentina ha sido parte integrante durante años, de una mujer notable y ejemplar como Milagro Sala, cuyos delitos, (aquellos que la derecha jujeña nunca le perdonará), son haber empoderado no sólo a las mujeres de su provincia, sino a toda una clase social a la que la clase política actualmente detentora del poder punitivo del estado consideró históricamente "inferior", como si hubieran sido creados por decisión divina para estar a su servicio.

 

Por eso consideramos que es un día en el que no debemos dejar de dar testimonio tanto de la grandeza del género femenino, como de la bajeza de algunos pertenecientes al género masculino, pero que de hombres no tienen nada.

 

Y porque "nada grande se construye con tristeza", no permitiremos que empañen nuestro optimismo, porque nunca perdemos de vista que los mejores días fueron, son y serán peronistas.

 

GUSTAVO MATÍAS   PreCandidato a Intendente de Vicente López por el PJ

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