El futuro es feminista: la generación Z se suma a la lucha

(Por Malena Montes) Cada vez son más jóvenes las caras que reclaman al Estado corregir la desigualdad económica, de salud y de trabajo que enfrentan las mujeres a cualquier edad y de cualquier clase.

Martes, 13 de Marzo de 2018 - 03:37 hs

Por Malena Montes @DraCasan

 

El DNI pasa los 40 millones como si nada. Imprimen las letras de las canciones y van, con toda esa energía, a poner el cuerpo en la calle y a sumarse a la lucha por la igualdad de género. La generación Z (los nacidos a partir de 2002) aporta sus características disruptivas y simultáneas al empuje feminista que desafía y cuestiona cada vez más al poder político, social, mediático y eclesiástico.

 

El pasado 19 de febrero fue un día muy importante para la lucha por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Miles de personas se reunieron frente al Congreso de la Nación y exigieron que, de una vez por todas, el Estado se haga cargo de la salud pública de las mujeres gestantes de la Argentina, que mueren principalmente en abortos clandestinos.

 

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Además, las gargantas cubiertas con los pañuelos verdes de la Campaña Nacional plantearon que todos tenemos derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, que se concretó en la séptima entrega del proyecto parlamentario que propone “educación sexual para decidir; anticonceptivos para no abortar; aborto legal para no morir”.

 

El segundo Paro Internacional de la Mujer o el #8M, el pasado 8 de marzo, fue también la primera vez que Camila (17), Rocío (16) y Micaela (17) fueron a una marcha feminista. Se pusieron brillos en la cara y remera violeta, aunque no lograron hacerse del pañuelo verde. “La próxima”, dicen contentas. Cantan las canciones leyendo una fotocopia con las letras que reparte la Campaña Nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Bailan, saltan y hacen stories para su cuenta de Instagram. El gif que más usan, cuentan, es el de “proud feminist” y prefieren filtros que “resalten los colores” de los pañuelos.

 

Lo que no dejó estos días fue algo más que el reclamo de hace décadas: vimos las caras de la nueva generación que acompaña la lucha, los jóvenes. La generación Z está creciendo en mundo de revolución feminista y eso nos alegra a todos, aunque necesitemos que sigan luchando y, sobre todo, aportando.

 

Las paredes pintadas indignaron y el patrullero con témpera rosa también. Pero con lo que sucedió el lunes en el Congreso y el jueves en Plaza de Mayo vemos hoy un resultado positivo caracterizado en los jóvenes. Lejos de repetir el punto de vista machista de los medios hegemónicos dominantes, usaron las redes sociales para seguir a sus referentes que mostraron la realidad: mujeres en lucha, empoderadas, recuperando el goce de sus cuerpos que tanto le son relegados. Y empatizaron con esa lucha, no con repetir lo que dice el periodista Eduardo Feinmann.

 

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Los jóvenes “App” que todo lo hacen “on demand” salen con esa misma inmediatez y simultaneidad que los caracteriza a reclamar que no quieren más acoso callejero, a romper con los patrones de belleza inalcanzables y a luchar por su salud reproductiva y sexual.

 

Son conscientes, antes que nosotros, que no entrar en un talle de ropa no es su culpa, sino que es parte de un mundo machista que vende ‘modelos’ antes que productos. Entienden que todavía el feminismo está buscando sus formas de lucha, pero que lo principal es creerle a nuestras hermanas. Ven a la autoridad como el poder concentrado en unos pocos que necesita ser distribuido para los que menos pueden. Llevan la justicia social en esos 40 millones de números de su DNI, porque son hijos de padres que sufrieron la crisis de 2001 y aprendieron, a la fuerza, que nadie garantiza la seguridad y estabilidad más que el pueblo unido, cuerpo a cuerpo, en la calle.

 

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Estamos enojando a los correctos y despertando a nuestras hermanas menores. La lucha es para abajo, siempre. Por las que vendrán, para dejarles un futuro mejor, ese que no tuvimos nosotros y nosotras y que, renunciando a nuestros privilegios, buscamos cosechar para ellos. Para que nunca más una mujer tenga miedo de estar en la calle y que nunca más un varón tenga miedo de llorar.

 

Todos los derechos que tenemos las mujeres fueron gracias a otras mujeres que salieron a reclamarlos. Su lucha y organización trascendió y cambió de generación en generación. Lo innovador de este momento es que los jóvenes se sumaron a las mujeres cansadas, mayores de edad, o presas en sus domicilios limpiando y cuidando niños. La suma hizo la fuerza, y hoy son parte del gran impacto feminista que está empujando los límites de los poderosos.

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