Domingo, 16 de Julio de 2017

Educación para el siglo XXI: Nueva escuela y nuevos profesores

Por: PATRICIA D´ASTE

El mito dice que la educación es un proceso costoso, pero ¿qué costo tiene dejar sumidos en la ignorancia a nuestros jóvenes?.

 

La competitividad de los países hoy se basa en las capacidades y talentos de su gente, cómo enfrentar con éxito la formación de nuestros niños para que sus competencias no solo les permitan alcanzar metas individuales sino ser capaces de hacer de Argentina, un país sustentable y soberano. ¿Cómo participar de un mundo tecnificado y complejo con un paradigma educativo de la industrialización clásica? Es evidente que nuestro modelo de pensar y hacer la educación, atrasa más de 1 siglo.

 

El cambio de estilo educativo solo se dará si trabajamos en la re jerarquización de la profesión docente.

 

Como sociedad necesitamos saber que la educación solo cambiará cuando todos estemos de acuerdo en mejorar las condiciones de trabajo y las competencias que deben tener nuestros educadores.

 

Para comenzar, con el debate educativo, hoy hablaremos de las necesidades básicas para mejorar la calidad de la educación en nuestro país; por lo tanto, comenzaremos por pensar cada nivel de la escuela obligatoria; recordar que por ley se define como la escolaridad obligatoria, la que inicia en el preescolar hasta el último año de la escuela media (18 años).

 

Si pensamos en el nivel inicial (jardín), podríamos decir que es el nivel donde las cosas están mejor, los profesores de este nivel atienden a la individualidad y a la socialización de cada uno de los niños y prestan atención a todas las dimensiones de la persona.

 

En el nivel primario, la realidad es otra: comienza la etapa de escuela como producción de una fábrica, donde no se tienen en cuenta las necesidades individuales sino que comienzan a trabajar como un línea de producción, es típicamente la educación heredada de la industrialización –siglo XIX–.

 

Para comenzar, una de las mejoras más imperiosas es llegar a que la jornada completa sea universal en el país. Esta jornada no es duplicar lo que hoy hacemos en la jornada simple sino complementarla con más horas destinadas a la actividad física, el arte y la ciencia; donde los niños puedan aprender en un ambiente seguro y cuidado desde la mañana hasta media tarde. Tender a realizar una educación integral, como lo propone la Ley de Educación Nacional 26206; con horas destinadas a enseñar el aprender a aprender, es decir, que adquieran las habilidades necesarias para la sociedad del siglo XXI. De este modo, que los niños logren autonomía en sus actividades de aprendizaje; en especial para que no tengan que realizar tareas en sus hogares, salvo excepciones.

 

Ya nos referimos a las primeras etapas de la educación, ahora dedicaremos unos momentos a reflexionar sobre la educación secundaria. En este caso es importante trabajar para implementar un sistema donde los profesores dejen de ser lo que se denomina “profesor taxi” (el profesor que “corre” de una institución a otra, por tener solo unas horas en cada una): que se concentre su trabajo en una sola institución. Para comenzar se podría pensar en una institución por turno; su trabajo debe ir mas allá de dictar su disciplina específica para complementar su actividad con otras necesidades del proceso de aprendizaje, como técnicas de estudio y talleres que apunten a la integración de conocimientos y el desarrollo de capacidades que les permitan a nuestros niños y jóvenes tener una buena inserción laboral al momento de terminar la escuela media o ingresar al nivel superior sin las dificultades actuales.

 

Describimos brevemente los tres niveles de la educación obligatoria, en todos, se debe realizar una educación integral donde se contemple a la persona en todas sus dimensiones, tanto la intelectual como el desarrollo de la voluntad y el trabajo en la dimensión afectiva con el desarrollo de la capacidad de autoconocimiento (emociones) y la educación emocional.

 

Este proceso tiene como propósito la adquisición de capacidades para la toma de decisiones y la posterior puesta en práctica de esas decisiones, que les permita desarrollar sus propios proyectos de vida. Se reconoce a simple vista que la falta de toma de decisiones es una carencia que vemos en nuestros niños y jóvenes que se plasma en la falta de capacidad de elegir qué quieren hacer con su vida después de terminar el secundario, un problema que se ve reflejado en el permanente cambio de carrera en la educación superior.

 

En este aspecto la pregunta obligatoria es porque se da el alto porcentaje de alumnos que no logran terminar el ciclo de escolaridad obligatoria (de cada 100 alumnos que ingresaron a primaria solo 33 se graduaron en el tiempo previsto (Guadagni & Boero, 2015). En este sentido, las cifras del Ministerio de Educación son elocuentes: el 35% se matricula en el nivel medio y sólo el 8%, se matriculan en el nivel superior. Contemplamos con dolor este escenario desastroso en el nivel superior, ya que del 100% de aquellos que se inscriben en la universidad, apenas el 8% egresan con título de grado. ¿Qué sucede en cada nivel para que el porcentaje disminuya tanto?.

 

Es necesario que estas estadísticas cambien y logremos mayor cantidad de profesionales que puedan desarrollar sus profesiones en favor de la sociedad en su conjunto (atender a nuestros abuelos, educar a nuestros niños y jóvenes, crear nuevas vacunas o nuevos prototipos científicos, etc.). Las capacidades están en Argentina si dedicamos más recursos y tiempo a pensar y desarrollar una educación integral y de calidad.

 

¿Cómo se puede trabajar con los educadores para hacer realidad este cambio de paradigma?

 

En este nuevo paradigma lo importante es la capacitación permanente; para lo cual, como sociedad, deberemos destinar recursos (económicos y tiempo) a los profesionales de la educación; rejerarquizar la profesión docente: que vuelva a estar inserta en el respeto de toda la sociedad, que se comprenda la importancia de la labor que los educadores desarrollan en favor de las nuevas generaciones.

 

Considerar que la capacitación hoy es más que solo leer contenidos intelectuales, es desarrollar habilidades y actitudes que permitan adquirir competencias para que las propuestas e ideas sean llevadas a la práctica.

 

Trabajar en la formación de los educadores para una educación en valores que les permita realizar una capacitación integral que, luego, llevarán a la práctica en beneficio de sus propios alumnos.

 

Nuestra propuesta es una educación en valores puesto que estamos convencidos que todos los valores que se pueden desarrollar en la escuela se trasladan después a la sociedad, creando así, una sociedad más justa y más respetuosa de la diversidad de opiniones, estilos y culturas. Una sociedad donde disminuyan los índices de violencia: el bullying, la violencia física, la violencia laboral y la violencia de género.

 

Recordando que es más costoso el precio de la ignorancia, deberemos destinar mayores recursos para lograr insertar en la sociedad a todos los niños y jóvenes y para que puedan desarrollar sus propios proyectos vitales triunfando en libertad. 

 

PATRICIA D´ASTE   Precandidata a diputada nacional en la Ciudad por el Partido Renovador Federal

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