Del graffiti al arte callejero

(Por Joaquín Paganetti)

Sábado, 2 de Diciembre de 2017 - 04:48 hs

Por @JOPaganetti

 

Ver paredes, estaciones de subte, casas y hasta edificios pintados en toda la ciudad ya es algo que no sorprende. ¿De dónde nace ésta manera de expresión juvenil y hacia dónde va?

 

"Contaminación visual", "destrucción de la propiedad privada", "arte callejero", "libertad" y muchas otras definiciones completamente antagónicas pueden escucharse en los porteños sobre los murales pintados que van desde mensajes de amor y promocionar bandas musicales de barrio hasta consignas de apoyo a candidatos políticos.

 

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El innegable avance de este entretenimiento juvenil se ha convertido en una manera de ganarse la vida para aquellos que se toman la creatividad y el diseño muy en serio

 

El graffiti nace en los procesos sociales y políticos a nivel mundial que son más que interesantes para conocer. "Trabajo, pago mis impuestos y no hago daño a nadie", decía Demetruis, un joven de 17 años que en 1971 era famoso en todo Nueva York por su manía de estampar su tag Taki 183 (lo que sería la firma) en sus viajes de subte cuando volvía de trabajar como mensajero. De esta manera muchos adolescentes como él tomaron su ejemplo y se fue haciendo cada vez más masivo.

 

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Su nacimiento parte también de procesos creativos a mitad de los años 60 en París, con el uso de stencil (plantillas con dibujos o letras prediseñadas) para transmitir un mensaje político en momentos tan trascendentes de la historia francesa como el Mayo Francés de 1968 y el auge de los movimientos sociales.

 

El Hip Hop se puede decir que ha copado la parada de la mayoría de los graffitis que se realizan en la Ciudad de Buenos Aires. Éste es un compuesto cultural en el que confluyen variadas formas de hacer arte.

 

Muchos escritores afirman que el término "graffiti" proviene del verbo griego "graphein", que significa dibujar, garabatear y escribir. Así se lo han tomado los cientos de jóvenes que con una edad de aproximadamente 15 años empiezan a dejar su huella en las paredes de la ciudad, a veces excediéndose en la cantidad de tags (firmas) que dejan en propiedades ajenas, según los más críticos a esta actividad.

 

El orden y la estética de la ciudad siempre ha cambiado con las alteraciones del público, pero ¿cómo fue el paso de esta expresión juvenil en la historia argentina?

 

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En los 80, se asociaba de una manera más fuerte a los graffitis con el vandalismo y a la protesta exacerbada. En la década del 90, según los especializados en el tema, éstos dibujos juveniles comenzaron a verse como la posibilidad de llenar espacios carentes de una esencia artística.

 

Adrenalina, emoción y felicidad son algunos de los sentimientos que pueden llegar a tener los jóvenes, según unos graffiteros de barrio con los que conversó SECCIÓN CIUDAD. Pero también aparecen las peleas de territorios, las tachadas de tags y las confrontaciones con los vecinos que no ven esto como algo bueno. Sin embargo, la aceptación social fue creciendo en los últimos años y este tipo de actividades son utilizadas por los jóvenes para poder identificarse en las calles de su ciudad.

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