Sábado, 3 de Noviembre de 2018

Cambio climático: ¿El fin del Holoceno?

Por: OSCAR MOSCARIELLO

En pocos días, dos importantes acontecimientos han convocado nuestra atención hacia uno de los más apremiantes retos con que nos enfrentamos. Hablamos del cambio climático.

 

En primer lugar, un oportuno informe de las Naciones Unidas advirtió que si no limitamos hasta 2030 el aumento de la temperatura global a un máximo de 1,5 grados centígrados, conduciremos el planeta a cambios peligrosos e irreversibles. Algunas regiones del globo, en particular al sur, podrían, en ese escenario, experimentar situaciones nunca vistas en los últimos 10 mil años.

 

Quedó así una vez más demostrado que el cambio climático constituye hoy una bomba de relojería para la especie humana y que se encuentra en nuestras manos, en las manos de nuestra generación, evitar una explosión. En tal sentido, creo que el principal mensaje del informe es sumamente político: líderes, ha llegado la última hora para actuar.

 

De hecho, el concierto de las naciones vive tiempos paradójicos. Por un lado, asistimos a un resurgimiento de fuerzas unilateralistas y de retóricas autocráticas llenas de soluciones mágicas. Por otro, resulta evidente que ningún Estado puede defenderse, orgullosamente aislado, de amenazas globales como el cambio climático.

 

No es sólo la fauna y la flora de la Tierra que están en juego, sino también los indispensables equilibrios sociales que sostienen el cotidiano de las naciones.

 

La erosión de la naturaleza podrá llevar a 200 millones de personas a abandonar su tierra o incluso a su país hasta 2050, según estima la Organización Internacional de las Migraciones. Existiendo menos recursos disponibles, será mayor la competencia entre países, empresas y poblaciones, contexto que conocemos bien de la historia de los conflictos.

 

A otro nivel, en resultado del calentamiento global, las enfermedades infecciosas serán más frecuentes, más letales y podrán expandirse hacia regiones donde otrora fueron erradicadas, planteando complejos desafíos a las autoridades.

 

Asimismo, el calentamiento global afecta al crecimiento y el desarrollo sostenibles, tal como nos ha recordado la academia real sueca en la atribución del nobel de economía de 2018.

 

Uno de los galardonados, William Nordhaus, denunció en los años 70 que los modelos económicos utilizados por los decisores políticos subestiman el impacto de las emisiones de gases de efecto invernadero.

 

En el mismo sentido, el trabajo del otro premiado, Paul Romer, ha ayudado a explicar las interacciones entre la economía de mercado y la naturaleza. Ambos sostienen que el Estado tiene un rol a desempeñar en el equilibrio y en la generación de bienestar a largo plazo, cobrando impuestos justos a los contaminadores e incentivando la innovación tecnológica a través de la concisión de patentes y de créditos fiscales.

 

Los datos disponibles indican que el problema climático es todavía más grave de lo que pensábamos y que disponemos de muy poco tiempo para solucionarlo. Llegados a este punto, si no se cumple el Acuerdo de París, ni se toman nuevas medidas globales, pronto tendremos que decretar –tal como ya abogan algunos científicos- el fin del Holoceno.

 

OSCAR MOSCARIELLO   Embajador argentino en Portugal

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