Viernes, 10 de Mayo de 2019

2019 y las definiciones de Latinoamérica

Por: FELIPE VERGARA

El 1 de enero de este año comenzó con grandes cambios políticos para Latinoamérica. Ese día asumió Jair Bolsonaro en Brasil y una semana después, ya se reforzaba un nuevo escenario con la designación, por parte del parlamento venezolano, a Juan Guaidó como presidente encargado, dejando un mapa político muy complejo y una pugna de fuerzas cada vez más tenso, donde además se sumaron y marcaron su terreno actores como China, Rusia y EE.UU. Hasta ahora los resultados siguen en stand-by: avances pocos, éxitos menos aún y el 2019 avanza.

 

Brasil ya empezó a presenciar sus primeros conflictos, ya sean por corrupción, asesinatos -vinculados indirectamente al presidente-, han llevado a la caída en la popularidad de Bolsonaro, más pronunciada en la historia carioca y los primeros ejemplos de la xenofobia gubernamental. Es lo complejo de prometer aquello que supera el campo de acción de un mandatario e imponer la religión a las libertades individuales.

 

La Colombia de Duque, se mantiene compleja, la guerrilla sigue siendo el karma de la sociedad civil, si a eso se le suma un acuerdo de paz que le permitió a varios de los lideres de las Farc asumir cargos en el parlamento, la sensación de impunidad se hizo latente; de igual forma avanzar en una reconciliación requiere esfuerzos, bien lo sabemos los chilenos. En octubre tenemos elecciones en el país cafetero que podría tener como novedad, la lucha por la alcaldía de Bogotá entre tres mujeres, la exsenadora Claudia López, pareja de la actual vicepresidenta del Congreso; Ángela Garzón, de la corriente de Uribe; y Ángela María Robledo pro Petro. Todo bajo un escenario internacional acentuado por la crisis de sus vecinos y la inmigración de más de un millón de venezolanos.

 

Ecuador por su parte vive lo que podría llamarse una crisis de identidad política, luego de que su actual presidente Lenin Moreno, se desmarcara de su predecesor (Rafael Correa) y optara por un mayor protagonismo tanto en el grupo de Lima y su apoyo a la creación de Prosur (que reemplazaría a la ya muerta por causas naturales Unasur); suena extraño pues era el “ungido” para continuar el modelo socialista, al estilo chavista, en Ecuador, sin embargo desde que asumió a trabajado incansablemente en posicionar a su país en un ala más cercana a sector derechista del continente.

 

Su vecino Perú enfrenta una disyuntiva aún más compleja, sus referentes políticos, están presos (Fujimori y kuczynski), con libertad condicional (Humala y Keiko), arrancado (Toledo) o, el más drástico suicidado como lo fue días atrás Alán García. Con ello llegamos a los últimos cinco presidentes de Perú, o a todos los gobernantes de los recientes 30 años, complejo si se analiza ya sea desde una perspectiva histórica.

 

Bolivia también enfrenta elecciones presidenciales este año, los candidatos naturales y que lideran las encuestas son el actual presidente Evo Morales y el exmandatario Carlos Mesa; convengamos eso sí, que Evo entró a esta contienda saltándose el resultado de un plebiscito al que él mismo llamó, perdió y desconoció aquel 21 de febrero de 2016, pero es el escenario que hay y las condiciones con las que se va a competir.

 

Sin embargo, la percepción de la gente ha cambiado en los últimos años, debido a crecimiento económico que ha experimentado de forma constante durante los últimos años, las probabilidades de que Evo se mantenga en el poder se ven más realistas. No hay que cegarse a la premisa de que si la economía está bien, el resto poco y nada importan; bien lo dijo Bill Clinton en su campaña de 1992 que lo llevó a la Presidencia de Estados Unidos: “Es la economía estúpido”, sino fuera así, sería muy difícil de imaginar que Trump sea reelecto, pero la tendencia así lo pareciera demostrar.

 

Ahora, ¿qué tiene en común Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia? Son países ricos en recursos naturales, pero que por décadas han sido mal administrados o lisa y llanamente corrompidos por el poder económico, Odebrecht es un ejemplo de ello, pero no es el primero y difícilmente el último.

 

La Argentina es caso aparte, un país rico, que sufre de corrupción, pero que además tiene gobiernos que no pueden superar los grupos de presión, ya sea por mal manejo económico, por el tremendo aparato estatal que tiene -gnocchi incluidos- o por la presión de los sindicatos y su eterno líder Moyano, hacen que Argentina siga en una permanente crisis.

 

En octubre de este año Argentina enfrenta elecciones con diagnóstico reservado, pero con los protagonistas de siempre Cristina K, que pese a estar procesada y gracias a su fuero como senadora, debiera ser la candidata del Peronismo, y por la alianza Cambiemos el presidente Macri o su mano derecha en la provincia de Buenos Aires, su gobernadora María Eugenia Vidal. Cualquiera de los dos actores no garantiza la estabilidad económica que los argentinos necesitan y merecen.

 

Paraguay se enmarca dentro en los países que entregan buenas noticias, con su presidente Mario Abdo Benítez o “Marito de la Gente” como era su slogan de campaña, ha logrado continuar en la senda de desarrollo iniciada con Horacio Cartes, pero imprimiéndole un mayor protagonismo internacional y carisma interno. Su perfil es así y en hora buena para los guaraníes.

 

Su vecino Uruguay también vive elecciones presidenciales este año y volverán a enfrentarse el Frente Amplio de Pepe Mujica y Tabaré Vásquez, con la derecha tradicional del partido colorado. Pese a lo pequeño que es y a que mantiene problemas como muchos otros países, Uruguay es un país que siempre se observa con admiración, sean sus reformas liberales, sus políticas sociales o su garra charrúa, algo hace que sea un país al que el resto de américa quiere emular.

 

Finalmente está Chile -demográficamente es el último también- y aunque para muchos en la región es un país estable y sólido, eso no lo hace estar ajeno de lo que pasa, como tampoco verse permeado por la realidad latinoamericana. Hoy enfrenta varios problemas, el principal posiblemente sea su economía que, en vez de despegar, como lo había prometido el actual presidente Piñera, hoy está en clara desaceleración, acrecentando con ello, uno de los grandes conflictos internos que enfrenta el país como es la pésima distribución de la riqueza y que hoy tiene a Chile como el segundo país más desigual de la OCDE.

 

Otro de los problemas, grave también es el resurgimiento del pinochetismo como fuerza política. Ya son varios los diputados que han planteado su admiración por el dictador a lo que se han sumado algunos empresarios y un candidato presidencial, admirador de Bolsonaro, acérrimo religioso y que hoy se perfila como una de las tres figuras con más posibilidades de ser el próximo presidente chileno.

 

Claramente queda un país en el tintero y no de manera fortuita; Venezuela da para un artículo aparte, pero si se quisiese resumir podrimos decir que tiene la suma de todos los problemas expuestos. Es un país riquísimo, pero gobernado por personaje como Maduro que reina, pero no gobierna y quienes hoy manejan el país han caído en una inoperancia extrema, generando una economía definitivamente destruida, con una inflación que supera los 1.700.000% y una represión militar desproporcionada, con un aparato estatal burócrata y corrupto y un ejército liderado por narcogenerales, trayendo consigo un éxodo de su pueblo, sólo comparable al vivido en Cuba con la llegada de Fidel.

 

FELIPE VERGARA   Consultor político chileno

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